miércoles, 7 de marzo de 2012

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- Yo quiero estar sentada a tu lado-
-¿Quieres beber del mismo cáliz que yo?-
-¡Claro!- respondo entusiasmada.

 En realidad, y como siempre, digo lo primero que se me escapa por la boca: ese segundo en el que todo me parece obvio, posible y el mejor de los planes posibles. Jesús me mira y se le escapa una breve sonrisa. 

-Bueno, eso está bien, desde luego- se calla durante unos instantes y coge aire- pero lo de sentarte conmigo ya no es cosa mía, ¿sabes? Mi Padre ya ha elegido a unos cuantos y yo ahí, no entro-

 Voy a decir corriendo que "no pasa nada", pero lo cierto es que la incertidumbre de no saber si estoy o no entre las elegidas me duele un poco. Como una aguja en el pecho. Siempre acabo estando en el grupo de las elegidas: de eso sí que me encargo yo misma. De hecho, exceptuando los amores, siempre consigo lo que quiero. Siempre. ¿Y en esto que es importante voy a quedarme fuera?

 -Ah, no te preocupes, no pasa nada- miento para intentar quedar bien.
 - Pero puedes seguir caminando conmigo, ¿eh?-
-Sí, claro-

 Creo que Jesús se ha dado cuenta de mi decepción.

(del evangelio del día)
Ilustración:  Sonja Wimmer

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