sábado, 18 de marzo de 2017

Los últimos serán los primeros



Campo de refugiados BMLG, marzo de 2017 




Pedro dijo a Jesús: "He aquí, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido." Respondió Jesús: "En verdad os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras, por mi bien y por el bien del Evangelio, que no es ya reciben ahora, en este momento , cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, con persecuciones, y la vida eterna en el siglo venidero. Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros " Mc 10: 28-31 

 Queridos amigos, nuestra vida continúa en el norte de Uganda, aun no tenemos casa, pero como Jesús prometió a Pedro, hasta el momento no nos ha faltado que comer, dónde dormir, una comunidad con la cual compartir nuestras incertidumbres y preocupaciones del momento y en la cual restaurar nuestra energía física y psíquica, y además una iglesia con la cual alabar al Señor e implorar la misericordia de nuestro Dios. Les escribo para compartir fragmentos de vida, historias de nuestra vida y la vida de nuestros hermanos y hermanas en los campos. 

Para nosotras, hermanas misioneras, la vida es incierta, no tenemos aun una casa donde estar, estamos pidiendo a la Providencia de ayudarnos a construir una casa pequeña y sencilla donde compartir la vida cerca de nuestros parroquianos en los campos de refugiados. Hemos estado un tiempo en Kampala para solicitar el permiso de residencia para poder permanecer en Uganda, lo hemos logrado gracias a Dios, y ahora nos encontramos temporalmente apoyadas en una de nuestras comunidades en el Norte del país. Mientras tanto, cuando podemos vamos a visitar nuestros amigos en los campos y a recoger fragmentos de la vida, sus dificultades y esperanzas. 

Sus historias son a menudo historias de hambre, de enfermedad, de incapacidad de estudio para los de la secundaria, de desempleo, de incertezas… algunos recuerdan con nostalgia el pasado, el exilio es la privación de la normalidad, aunque no sólo. Esta que les comparto ahora es la historia de Harriet, su historia es dramática, pero al mismo tiempo es portadora de dos pequeñas semillas de esperanza que han de ser cuidadas para que la vida venza. 

Yuru Harriet es una joven madre que hace un mes dio a luz a dos gemelas. Vive en una pequeña tienda, tan baja que para entrar hay que doblarse. Su marido es discapacitado y para caminar se ayuda con una muleta de madera. Me detuve a saludarlos y para compartir la alegría de esas dos hermosas criaturas. Harriet no habla mucho Inglés, pero consigue comunicar algo, con ella estaba otra mujer que comenzó a contarme la situación de la joven madre. Harriet, como muchos otros en el campo, ¡está realmente sufriendo el hambre! Su seno magro y tirado, no produce leche porque ella misma no se alimenta suficientemente, de consecuencia también sus bebés están sufriendo el hambre.

Harriet con sus gemelos y la hermana Lorena

El marido de Harriet (la muleta está junto al árbol)


En el campo de la alimentación es escasa y todos están preocupados porque no saben cómo alimentar a las pequeñas. En el norte del país aun no llueve regularmente, de vez en cuando viene un fuerte aguacero, ¡pero después pasan días o semanas y nada! La esperanza de la gente está en la lluvia para comenzar a cultivar los campos. El padre de las bebes me dijo que él no puede hacer mucho, pero que bien o mal el campo consigue trabajarlo solo que por ahora el suelo es duro y seco. 

Al ver estas dos frágiles vidas en esas condiciones, mi temor es que mueren de hambre o de enfermedad. En el pueblo más cercano encontré una casa que acoge madres en dificultad y es administrada por las hermanas de una congregación local, pedí si podrían acoger a la madre con las niñas por lo menos por un tiempo mientras las bebes se vuelven más fuertes; ellas me respondieron que deben seguir el procedimiento correcto. No pudiendo quedarme allí por más tiempo, pedí a una amiga de seguir el caso. 

La vida humana se ve amenazada por un desplazamiento injusto y absurdo, porque no hay ninguna razón que condene a los niños a nacer en esas condiciones! En la oscuridad del corazón humano, nosotras obstinadamente buscamos signos de luz y de esperanza, para que la vida venza siempre. 

En nombre de la fidelidad a Dios y confiando en su promesa de que "los últimos serán los primeros", cuidamos de estas semillas de vida nacidas en suelo extranjero, para que puedan florecer y sus flores también hagan primavera.


Si deseas unirte a nuestra solidaridad con los prófugos del Sur Sudan, puedes enviar tu donativo en dólares o euros a esta dirección:

Benificiario: Hna Lorena Ortiz,
Asunto: pro- Prófugos del Sur Sudan.
Bank Information  Bank:NIC Bank Branch: 
Dirección: Ngong Road P.O. Box 44599 00100 Nairobi – Kenya
SWIFT Code : NINCKENA Account Name  COMBONI SISTERS LAVINGTON
NºCuenta. 1000024704                   Euro/Dollars



Un abrazo bajo la bendición del Eterno, 

Lorena Ortiz, Misionera Comboniana. 

PS: Les adjunto una foto de la familia, así cuando oran por ellos al Señor, los recuerdan con un rostro concreto.

miércoles, 15 de marzo de 2017

¡Feliz cumpleaños, Comboni!



Un día como hoy de 1831 nacía en Limone sul Garda, Italia, San Daniel Comboni. 

 Desde muy joven sintió la llamada misionera de anunciar el Evangelio en medio de África, haciendo que los propios africanos fuesen los protagonistas de su evangelización y desarrollo. 

 Hoy, 186 años después, todos los miembros de la Familia Comboniana siguen haciendo realidad este gran sueño de Comboni. 

 ¡Que él interceda por cada uno de nosotros, y nos ayude a vivir cada día su pasión y amor por Africa y los africanos!

miércoles, 1 de marzo de 2017

Denuncia de los obispos de la hambruna en Sudán del Sur


La situación general de Sudán del Sur continúa siendo crítica. Por un lado, las Naciones Unidas llamaban la atención acerca de la preocupante situación de hambruna que está ya teniendo lugar en algunas regiones del país, los obispos en su reunión plenaria vuelven a escribir una carta pastoral y reconocen con merecida humildad que de poco han servido las últimas cartas pastorales escritas… la situación ni ha mejorado ni hay motivos para la esperanza. 

El Papa Francisco ha hecho también un llamado para que los países ayuden al Sudán del Sur en este momento de necesidad. Mientras que es una realidad innegable que hay ahora millones de personas en peligro de hambruna imminente (pueden llegar a 5’5 millones en la estación seca) y que estas personas necesitan urgentemente ayuda humanitaria, también hay que considerar algunos aspectos que pudieran escaparse a cualquier lector que no esté familiarizado con el país. El documento de los obispos dice que esta emergencia ha sido causada “por la mano del hombre” y, si miramos en el mapa, es cierto que los condados actualmente más afectados por la amenaza de hambruna son los colindantes con el pueblo natal de Riek Machar, antiguo aliado y hoy archienemigo del presidente Salva Kiir. 

Hay una sospecha bastante fundada de que ciertos ataques por partes de grupos armados contra la población civil de aquella zona tenían como objetivo impedir que muchas personas pudieran quedarse junto a sus campos y que no pudieran cosecharlos, con la consecuente vulnerabilidad que conlleva. Se habla incluso en la carta pastoral de “castigo colectivo” contra un grupo étnico de aquella zona (los nuer) cuyo único pecado es pertenecer a la misma etnia que Riek Machar. 

Hay otro aspecto que también hay que tener en cuenta ya que ha tenido lugar demasiadas veces en la historia reciente del país. Por desgracia, la ayuda humanitaria no siempre es políticamente independiente. Demasiadas veces, sobre todo en los aciagos años de la guerra civil, los alimentos o los materiales de primera necesidad que se han distribuido no han hecho otra cosa que llenar los ya repletos bolsillos de una élite en el poder, ya que un tanto por ciento de la ayuda “se desvía” por canales paralelos, enriqueciendo a los de siempre y dejando de nuevo en la cuneta del olvido a los más vulnerables.



Por desgracia, la clase dirigente del Sur de Sudán no son unos políticos conocidos por sus principios éticos. Aunque vayan ahora vestidos de limpio y el flamantes todo-terrenos, siguen teniendo dentro de sí la mentalidad de señores de la guerra, la misma mentalidad que tuvieron en su día en la lucha contra los árabes… y tienen mucho cuidado de tener a toda la parentela fuera del Sudán del Sur, en exclusivos colegios y residencias de Kenia, de Uganda, de Australia, Canadá o los Estados Unidos, mientras que los hijos del populacho caen como chinches víctimas de un conflicto causado por la ambición humana. Si la situación del país es seria, está claro que estando quienes están en el poder, la cosa no tiene visos de arreglarse. 

Nos alegraremos de que la comunidad internacional apoye y ayude a la población necesitada, pero la historia nos enseña que muchas de estas situaciones extremas son un caldo de cultivo ideal para que quienes tienen la sartén por el mango hagan el agosto a costa de los que mueren lejos de las cámaras y del ojo público. 

A. Eisman (http://blogs.periodistadigital.com/enclavedeafrica.php)

martes, 28 de febrero de 2017

Nepes




¡Quiéreteme! Una palabra compuesta con un significado único. Es casi una orden exigiéndonos a querernos. La pregunta podría ser, ¿quién nos está exigiendo que deberíamos querernos? Sencillamente, Dios nos dice que tenemos que querernos, que tenemos que aceptarnos, y esto lo hace precisamente desde nuestro prójimo. 

Los consejos de los demás nos ayuda a levantarnos, a entender lo que nos aturde, y a poder estar más cercano de Dios a través del consejo, la oración, y la fe viva. Durante este fin de semana hemos tenido la fortuna de aprender acerca de la importancia del agua, tanto físicamente como espiritualmente. Dar de beber al sediento no es una sugerencia abierta, sino más bien un derecho que tenemos todos como seres vivientes. Así lo ha sugerido el Papa Francisco. Luego en el aspecto espiritual, leímos acerca de Nicodemo. Se nos dice que seriamos capaces de aprender mucho más si nos dejásemos enseñar por nuestra propia infancia. De hecho, si uno observa a los niños, uno aprende que siempre viven el momento. Si tienen hambre, lloran, si están alegres, sonríen, y si tienen a un ser querido cerca de ellos, lo abrazan. Más aún, el texto que hemos leído nos ha indicado que también podemos aprender de los animales, de la naturaleza, y de todo ser viviente. 

 La sed es algo que determina nuestra supervivencia. Nuestro cuerpo está compuesto mayormente de agua, por lo tanto, el agua es algo que necesitamos imprescindiblemente para sobrevivir nuestro día a día. Una palabra muy interesante que he aprendido es: “nepes”, en la cual viene del hebreo. La palabra tiene dos significados: significa al mismo tiempo “alma, vida” y también “garganta, deseo, apetito”. Esto tiene un gran significado ya que la palabra sed en hebreo se refiero a lo espiritual y a la vez, a lo físico. Esto demuestra que tenemos que cuidar nuestro cuerpo (templo) y a la vez nuestra vida espiritual. Llegar a este entendimiento y poderlo aplicar en nuestra vida cotidiana demostraría un gran paso hacia el amor y respeto propio. 

 Como en todos los encuentros, siempre recibo una respuesta, ya sea directa o indirectamente. En este caso, yo había llegado un poco nublado, con problemas aparentes que se desvanecieron en un instante. Casi como la analogía del cuarto paso del hortelano; la lluvia de Dios. Como joven en el encuentro puedo decir que muchos, posiblemente, sentimos la misma sensación de recibir muchas bendiciones al estar todos juntos por una causa: Dios. 

Es cierto que ninguno de nosotros nos aconsejamos directamente, pero la semana es tan potente que seguramente nos abrimos a la enseñanza de Dios y permitimos que se nos aconseje, ya que siempre podemos aspirar a más sin duda alguna. Por lo tanto, lo único que puedo decir es que siento un gran agradecimiento hacia la familia Comboniana por regalarnos algo que no tiene precio. El regalo del consejo, del agua pura que viene de la lluvia de Dios.


domingo, 19 de febrero de 2017

En el exilio con nuestro pueblo




Uganda, 17 febrero 2017 

Queridos amigos/amigas:

Quisiera compartir con ustedes algo sobre la situación que estamos viviendo aquí en Sur Sudan.   Les escribo desde Uganda, donde estamos en exilio junto a nuestro pueblo del S. Sudan. Las razones del exilio son varias y complejas, antes de Navidad escuchamos rumores de un posible ataque entre los soldados de la oposición y los del gobierno. Durante casi todo el mes vimos cientos de personas huir hacia el norte de Uganda donde están los campos de refugiados; la gente caminaba tanto bajo el sol, con niños y cargando los bienes necesarios como podían. 

Nos preguntábamos como sería nuestra Navidad, gracias a Dios la celebramos bien y recibimos el nuevo año alegremente en comunidad con la gente, aunque al mismo tiempo en muchos de ellos captamos tensión y miedo. Terminadas las fiestas, como previsto, las hermanas viajamos a Nairobi para el retiro la asamblea anuales. Mientras estábamos en Nairobi recibimos la noticia de que el domingo en una de las capillas, mientras la comunidad rezaba, los soldados entraron y mientras la gente huía, seis personas fueron asesinadas, entre ellos un catequista. 

Regresando de Nairobi, estando aún en la frontera con Uganda, encontramos algunos de nuestros feligreses allí: rostros cansados, agobiados, sufridos; nos informaron sobre la situación en nuestra zona y nos dijeron que toda la gente estaba huyendo porque nadie se sentía seguro ahí. La gente huyó con todos sus bienes, caminando por horas bajo el sol, cargando pesos, durmiendo algunas noches en los bordes de la calle y cuando finalmente llegaron a la frontera tuvieron que esperar algunas horas para ser inscritos y asignados por las Naciones Unidas a un campo de refugiados. Ver a nuestra gente en esas condiciones sentí pena, parecían ovejas sin pastor. En la frontera vimos muchos autobuses de las Naciones Unidas UNHCR que transportaban a la gente hacia los campos de refugiados, detrás de ellos partían también camiones transportando sus pertenencias: recipientes para el agua, colchonetas, sillas, mesas, ollas, en fin, todo muy simple, lo que la gente posee. 




Dejada la frontera, nosotras continuamos nuestro viaje hacia el Sur Sudan, y lo largo del camino vimos muchas cabañas cerradas con candado, pozos sin mujeres que recogieran agua, aldeas vacías y patios sin niños que jugaran, ningún joven paseando por las calles o jugando en el campo de futbol. En el camino encontramos de nuevo gente caminando hacia la frontera: hombres sudorosos y fatigados, el polvo rojizo cubría sus caras y su ropa, rostros cansados, llevaban sus motos o bicicletas sobrecargadas con sus animales, sacos, cajas y otras pertenencias.  

Aquella primera noche de nuestro regreso percibí un silencio extraño, los perros aullaban como si lloraran la ausencia de sus amos. A la mañana siguiente no hubo gallos que anunciaran el amanecer. En la tierra de la misión, las personas más vulnerables estaban esperando que se les ayudara para llegar a la frontera con sus bienes, estos eran: mujeres embarazadas, personas con discapacidad, ancianos, enfermos, éstos fueron ayudados de manera especial. 

Por la mañana fuimos a saludarlos y a conversar con ellos, su presencia me hizo pensar a los pobres de Yahveh, a aquel resto fiel del pueblo de Israel que esperaba solo en Dios su liberación y salvación. Una joven con discapacidad se me acercó, me tiró del brazo y me abrazó, luego me ofreció un pedazo de caña de azúcar. Otro chico con retraso mental me llamó desde donde estaba sentado en el suelo y me ofreció un trozo de patata dulce (camote). Gestos de dulzura y calidez de quien de guerra o de luchas tribales no entiende mucho, de quien vive la relación con los demás de manera simple y espontánea ... y le pedí al Señor de donarme un corazón sencillo como el de ellos. 

Nosotras como misioneras optamos por quedamos con el pueblo aún en situaciones de peligro, si es necesario, conscientes de que nuestra vida la hemos ya donado al Señor. Hacer causa común con las personas con las que vivimos es una parte importante del legado que Daniel Comboni nos dejó, es profecía en nombre de la pobreza y de la hermandad universal, porque para Dios no existen vidas humanas más preciosas que otras. En nuestro caso fue la gente que abandonó el lugar y nos quedamos solo las hermanas y los misioneros. La gente nos advirtió de salir también nosotros, porque en cualquier momento podría comenzar el enfrentamiento armado, nos pidieron de no abandonarlos en los campos, de visitarlos, de ir a rezar con ellos. 



Como equipo pastoral pedimos al Señor que nos asistiera con su sabiduría, entre nosotros dialogamos tratando de discernir que hacer; al final decidimos dejar la misión el lunes 6 de febrero y partimos hacia la comunidad comboniana más cercana en el norte de Uganda; zona donde están los campos. Queremos ofrecer un servicio pastoral a nuestros feligreses y acompañar esta experiencia de exilio, que es también el nuestro.  

El amor como un oficio



"Asume el amor como un oficio
en el que te tienes que esmerar,
repítelo hasta la perfección,
repítelo todas las veces que haga falta
hasta que dentro de él dure todo
y tenga sentido.

Deja que crezca en él el sol
hasta tarde,
déjalo ser el ala de la imaginación,
la casa de la concordia,

pero no dejes nunca que sobre
para que no sea un recuerdo."

Eduardo White

domingo, 12 de febrero de 2017

Con los ojos fijos en Él



"No os pido que penséis en él ni saquéis muchos conceptos, ni que hagáis grandes delicadas consideraciones en vuestro entendimientos: no quiero más que le miréis." 

Santa Teresa de Ávila
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