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lunes, 30 de julio de 2018

Líder y guerrera

Este quinto lunes de mes queremos ser altavoz de Nice Nailantei, mujer masai que lucha por eliminar la mutilación genital femenina. Ha sido capaz de convencer a su comunidad para sustituir el ritual de la mutilación genital femenina por un ritual en el que destacar el valor de la educación y los libros.
En este artículo de eldiario.es, Maribel Hernández resume su lucha. También os compartimos la entrevista que le hizo Pablo L. Orosa para La Marea.
Nice Nalantei, una referencia para la esperanza de África.

Nice Nailantei. AMREF

lunes, 12 de marzo de 2018

Experiencia misionera en Malindi

Soy una joven de 26 años, que siempre he tenido el deseo de conocer el mundo de las misiones. En mi interior ha existido la inquietud de ver cuál podría ser el camino en mi vida. 

He tenido un trabajo y una vida muy buena que Dios me ha estado regalando. Pero esta inquietud, por momentos se hacía más grande. Era como una fuerza interior que me impulsaba a descubrir lo desconocido, a ver los diferentes caminos que hay en la misión, a conocer otras costumbres y realidades, etc. Ya no es sólo el deseo de ir a ayudar a los demás, sino es el hecho de estar entre la gente, compartir costumbres, hábitos, recursos, alegría y felicidad.
Maribel, en el centro, con la comunidad comboniana
He tenido la oportunidad de ir a Adu (Malindi), situado en Kenya (África), donde he podido conocer a una comunidad cristiana de combonianas, quienes me acogieron como una más, y a unas familias que me han dejado huella. En Adu la gente no tiene muchos recursos, viven prácticamente en cabañas, recogen el agua de la lluvia para beber, se alimentan de la agricultura y ganadería. A pesar de todo esto, la gente desprendía felicidad, emoción que brilla por su ausencia en la sociedad en la que vivimos. Una cosa que puedo remarcar es el amor con el que l@s misioner@s hacen las cosas en la misión. Es sentirse querid@s por Dios, y así, poder querer a los demás, a los más pobres, sin esperar nada a cambio. Sólo es ver cómo van progresando, dando un poco de esperanza a sus días. También he podido observar el concepto de vida que tiene la gente en África, al menos las personas que he conocido. Un alma transparente, gente que se vuelca por aquellos que se acercan queriendo hacer el bien, gente acogedora, capaces de compartir con el huésped todo lo que tienen, cuando a veces solo tienen para comer una vez al día. Es impresionante la dimensión de la acogida que pueden llegar a hacer estas personas. 

Esta experiencia para mí ha tenido, y tiene, un significado. Por una parte, la oportunidad de haber podido ir y conocer el mundo de la misión en una comunidad cristiana de combonianas, a penas en sus inicios, en un poblado muy precario donde los recursos son escasos y donde existe una cultura muy diferente. Todo esto es un regalo y el sentimiento que tengo es de agradecimiento. Esto permite abrir los ojos del corazón y la mente para ver la vida desde otro punto de vista, a ser más consciente de la realidad, a saber valorar y apreciar cada momento y cada cosa que tenemos. 

Por último, me gustaría compartir lo que esta experiencia está significando en mi vida. La razón es porque podría ser un camino de vida en el cual me sienta llamada. Si no es así, he podido conocer desde cerca otros caminos dentro de la misión en los cuales puedo sentirme llamada a ellos. En este momento de mi vida, he retomado mi vida anterior, ejerciendo la profesión que tanto me gusta: Enfermería. Esto también me ayuda para este camino de discernimiento en el que me encuentro. 

Ante todo esto, me gustaría concluir diciendo que, una de las cosas que me ha enseñado esta experiencia y que grabo en mi corazón es: “Esperar y tener paciencia porque todo llegará a su tiempo; y lo que llegue vendrá con Paz y Amor”. 

Pues Jesucristo espera, es paciente, y viene justo en el momento necesario, regalando la Paz interior y el Amor. 

Maribel

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Primeros días en Kenia



"Llevo apenas un par de semanas y ya todo me resulta super familiar en estas tierras. Recuerdo el primer día que llegué como algo lejano ahora... después de la primera noche, interrumpida millones de veces por el zumbido de mosquitos asesinos, amanecí con un día medio grisáceo bañado por los chillidos de niños jugando al fútbol. 

Casi que no me ha dio tiempo a aterrizar. Hacía unas horas estaba saliendo del trabajo en la metrópoli de Madrid y, abrí los ojos para acoger una mañana llena de visitas a las distintas casas, en medio de un Slam en el que la sonrisa inocente de los niños contrasta con el vertedero infinito en el que viven. Esa misma tarde fue un momento de compartir sonrisas con estos niños, que se reúnen los sábados para tener un momento de juego con las hermanas. Que importante es que los niños sean niños, y que puedan tener sus momentos de recreo y aprendizaje. Por lo que veo, creo suponer que la gran mayoría empiezan a trabajar o a mendigar al poco tiempo de dar sus primeros pasos. 

 Finalmente, la “musungu” (así es como llaman a la “gente blanca”), cerró los ojos, eso sí, esta vez, protegida por la gran mosquitera que no usó el día anterior. La verdad es que los primeros días tuve algún que otro shock interno… el más grande de ellos fue ver, después de la misa del domingo, en Korokocho, otro slam pegado a Kariobangui, lo que llaman el “dumping”… Se trata de un gran vertedero (inmenso), donde mucha gente de la zona va a trabajar buscando algún que otro objeto que pueda vender luego. 

Pero, incluso en Korococho, termina una encontrando trocitos de ese Jesús que se hace presente en medio de los más pequeños. Un gran testimonio para mí, aparte del trabajo de las Hnas. Combonianas, fue el de las Hnas de la Madre Teresa de Calcuta, que han construido un pequeño oasis en medio del desierto. Tienen una casa en la que cuidan de niños con discapacidad y donde viven además mujeres que querían abortar a las cuales ayudan durante y después del embarazo… es difícil explicar con palabras el amor que uno ve cuando llega a este lugar."

María del Mar

jueves, 16 de junio de 2016

Aprender a soñar



Rosemary Jendeka es la madre de Prince, un bebé de nueve meses. Ella tiene 21 años y vive en Korogocho, uno de los suburbios de Nairobi, junto a su madre (también soltera), que trabaja como vendedora. Jendeka no sabe dónde está el padre de su hijo, pero eso no la hace venirse abajo, ni desistir de completar sus estudios. 

Ha llegado al Instituto de Promoción de la Mujer de Kariobangi con el deseo de se estudiante de Catering. Aunque Jendeka y su familia (su madre, una hermana pequeña, una prima y su hijo) se enfrentan a muchas dificultades, el sueño de convertirse en una profesional del catering es tan fuerte que no hay nada que le robe la determinación y la ilusión por conseguirlo. El Instituto, a cargo de las misioneras combonianas, fue creado como apoyo a mujeres jóvenes que desean superar las dificultades económicas, sociales y familiares que están viviendo. Es un espacio que ofrece oportunidades a mujeres de entre 15 y 30 años y las ayuda durante su formación profesional (Maquillaje, Catering y Peluquería y Estética). La formación está concebida de manera integral, cubriendo todas las áreas que confluyen en su desarrollo profesional: formación espiritual, estudio de la personalidad, educación empresarial y conocimientos básicos de informática. 




Jendeka está dando lo mejor de sí misma y disfrutando de la amistad con sus compañeras y profesores en las clases de Catering. Jendeka acude cada mañana a las clases sin quejarse por tener que cargar con Prince, las bolsas con su ropa y comida y otra bolsa con los libros. El centro ofrece un servicio de guardería para aquellas madres que no tienen con quién dejar a sus bebés o no se pueden permitir pagar una guardería. Jendeka deja a Prince con Florence, la educadora infantil, que no sólo cuida a los niños, sino que también ofrece formación a las madres sobre cómo cuidarlos mejor.

 Jendeka explica que se siente muy feliz con lo que está aprendiendo y aguarda con ilusión el día que obtenga su certificado, así como el deseo de seguir profundizando en sus conocimientos de Catering. Está llena de esperanza en el futuro y cree que será capaz de encargarse de su hijo y de su madre.


domingo, 8 de marzo de 2015

Una carrera de fondo




Una manera diferente de celebrar el Día de la Mujer y de seguir luchando por la igualdad de género en África.

"¿Pueden unas piernas cambiar el mundo? Las victorias de cientos de atletas kenianas y etíopes están transformando, a golpe de zancada, el panorama socioeconómico de dos países de arraigada tradición machista. Hombres que cocinan y mujeres que llevan a casa el sustento son los nuevos roles de este maratón hacia la igualdad."

jueves, 26 de septiembre de 2013

La oveja número 100



"En esta bella tierra, comprendí que para Dios, Doldol era la oveja número 100, aquella que se le había perdido y por la que va en su búsqueda..."

Inés Zambrano, ecuatoriana, llegó a Kenia para encontrarse con "sus chicas" y buscar juntas a Dios. 

¿Quieres saber cómo lo ha vivido? Sigue leyendo en Misioneras Combonianas
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