domingo, 5 de noviembre de 2017

¡Gracias por tanto bien recibido!



Estoy sentada en la cama, con la espalda apoyada en la pared. La casa huele a café recién hecho y las risas llegan desde la cocina. Acabamos de terminar de almorzar en la casa de las Combonianas, en la Chana, y a pesar de todas las veces que he estado con ellas, nunca consigo dejar de sorprenderme por tanta vitalidad. Vida que contagia, risas que pasan de unas a otras, acentos distintos de una misma lengua que tratan de perfeccionar y que suena genial. Portugal, Italia, México, España… República Centroafricana, Sur Sudán, Mozambique, Ecuador… tantas vivencias sentadas alrededor de una misma mesa, tanta energía y fuerza que se cuela y destrona al estrés que llevaba conmigo durante estas semanas. “Es otro rollo”… “Qué grandeza”. 

 Doy gracias por tanto bien recibido, como dicen los jesuitas, y decido escribir para no olvidar. Sé que mañana comenzaré de nuevo las clases, la rutina, las prisas y el no llegar a tiempo. Por eso quiero escribir estas sensaciones, por si el estrés o la vida diaria vuelven a instalarse recordar que sí, que se puede vivir de otro modo, con otro andar. Por si acaso me desenfoco, quiero recordar la sensación tan arrasadora de gratitud ante el matrimonio de laicos misioneros combonianos que abrió sus vidas y nos describió con extrema cercanía y cariño su estancia en misiones y su regreso, sus miedos y también su confianza en que verdaderamente seguían “remando mar adentro” por esta forma de vivir y estar en el mundo. 




 Quiero dejar por escrito también la calma y paz que me han dado esos ratitos de oración y compartir, sentados sobre unas alfombras en una habitación que no necesitaba más que unos cuantos cojines, unas telas y un pequeño baúl de madera vieja que tenía a su lado esa vela roja que indica que nunca estamos solos. Quiero escribir que me sentía acompañada por el grupo Combo y que me comprometí conmigo misma a seguir en los encuentros que hacemos una vez al mes, porque esos ratos me ayudaron a recordar lo sanador que es reponer fuerzas de ese modo. Quiero seguir caminando con esos jóvenes que vienen de lugares distintos para acompañar y dejarse acompañar, para darse cuenta, al igual que hice yo, que somos muchos jóvenes que nos movemos por el mismo motor. 



 También dejo por escrito algunas frases que para mí han sido luz, por si dentro de unos meses necesito recordarlas: “No somos una gota en el mar, somos el mar en una gota”. “No puedo vivir pensando que este no es mi sitio, pensando en el próximo destino, tengo que aprender a vivir aquí también; no voy de misión, soy misión”. “Somos Iglesia joven, tratamos de transformar el mundo… somos esa Iglesia que no se ve pero que existe”. “No estamos solos, somos muchas personitas en distintas partes del mundo luchando por una misma causa… somos una fuerza arrolladora”. 

 “No balconeen”, dice el Papa. No miremos la vida y nos quejemos de lo dura que es desde arriba, desde el balcón. Peguemos un salto y bajemos a la calle, remanguémonos y formemos parte con nuestra vida de esta realidad. “Hoy decido empujar este mundo”, como dice Pedro Sosa. 

A ti, que quizá también leas esto sentada en la cama con la espalda en la pared… ojalá te ayude a recordar o a seguir buscando. 

 Bego


jueves, 2 de noviembre de 2017

De Muerte y Vida




Talawakelle, 2 de Noviembre de 2017

 Adentrarse en el misterio, de Dios, de las personas y de los pueblos, pasa por contemplar, (a veces entiendo poco o nada), cómo se celebra la vida y la muerte. Hoy es día de difuntos. Me viene a la memoria la primera escena de Volver (Almodóvar, 2006) en la que diversas mujeres, entre ellas Penélope Cruz, se afanan por dejar impolutas las lápidas de sus seres queridos. Ania y yo acabamos de llegar del cementerio. Son las 18.33 y ya se ha hecho de noche. El cementerio cristiano de Talawakelle no es muy grande. No hay lápidas que pulir. Las tumbas, estrechas y cortas, se distinguen por un cerco de piedras que las rodea (en el mejor de los casos) y algunas cruces; la mayoría de madera, las menos, de piedra. Pocas tumbas tienen nombre. 


Hasta hace una semana, el cementerio parecía devorado por las malas yerbas. Hoy han aparecido veredas. Algunas tumbas estaban llenas de flores y velas y otras vacías. Incluso en el cementerio hay "clases". Todos morimos sí, pero hay quien muere recordado y quien olvidado muere. Nunca he sido devota de cementerios, mi madre puede atestiguar que en cuanto pude "librarme" de ir con ella y mis abuelos, así lo hice. Sin embargo, esta tarde, algo me ha movido desde dentro. Primero a acompañar a una de mis alumnas cuyo padre murió recientemente. Después, con Ania. Hemos ido, sin planearlo antes. Unas cuantas velas, presumo que restos de alguna Vigilia Pascual, una caja de cerillas y nada más. Hemos llegado y mi hermana ha comenzado a encender las velas apagadas de las tumbas (dice que en Polonia hacen así). No sé muy bien por qué me he puesto a hacer lo mismo. La noche ha ido cayendo poco a poco. Un par del familias han llegado a honrar a sus difuntos. En silencio, con una oración sencilla y profunda, letánica, desde el corazón, rezando por todos esos "no conocidos", rezando también por los nuestros, hemos ido encendido las velas de todas las tumbas. Al terminar, ya de noche, poco más de cien pequeñas luces titilaban en la oscuridad. 

 El día ha sido cansado; cole y dos Eucaristías multitudinarias en las que hemos ayudado a distribuir la Comunión. El "dadle vosotros de comer" me sonaba con más fuerza que nunca mientras contemplaba los rostros de las mujeres, hombres y niños que se acercaban a comulgar. Después, sin mucho tiempo para pararme a rezar, recuperaba la tiza para explicar cómo dibujar a escala a los de 7c. Ahora, en este momento de paz, la imagen del cementerio lleno de pequeñas luces me viene al corazón. Hace 15 días la comunidad Hindú celebraba Dipawalli, la victoria de la luz sobre la oscuridad. Hoy, los cristianos nos movemos en la misma clave. Recordamos, rezamos y honramos a nuestros queridos difuntos. Creemos que la muerte no tiene la última palabra, que después de todo, viene la Vida. "... Si nuestra existencia está unida a Él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya". Porque Él "es el Camino, la Verdad y la Vida".

Nota antropológica: Según "mis chicas" de 7c, mi única fuente, hoy las familias cristianas participan de la Eucaristía, van al cementerio y por la tarde se juntan en casa para recordar a sus difuntos. Prenden barras de incienso insertas en mitades de cocos y "llenan de aroma" las fotografías de sus difuntos. Rezan, muestran su cariño y su respeto y después lo celebran con una gran cena en la que predominan los dulces.

Beatriz Galán, misionera comboniana en Sri Lanka

miércoles, 30 de agosto de 2017

Ama, insiste y confía




30 de Agosto de 2017 

Anoche decidí comenzar a escribir. De momento, no tengo nada especialmente significativo para compartir, sin embargo, siento la acuciante necesidad de recoger por escrito lo que voy viviendo en esta misión de Talawakelle (Sri Lanka) donde Dios me ha querido traer. Creo que la razón de este sentir es el miedo a perder lo vivido, el temor a que un día mis recuerdos sean difusos o mis palabras inconexas y esta experiencia se pierda en el olvido. Llegué a Sri Lanka el sábado 19 de Agosto. Debería haber sido antes pero el vuelo de Madrid salió con dos horas de retraso (quién sabe si por los ataques de Barcelona) y perdí la conexión en Doha, Qatar. No hay mal que por bien no venga; las 10 horas que tuve que esperar al nuevo avión se hicieron mucho más llevaderas en el hotel de cinco estrellas que la compañía aerea qatarí puso a mi disposición. No es mala manera para comenzar una misión. Aterricé en el aeropuerto de Colombo el sábado 19 a las 2 de la madrugada; con falda, velo y pasaporte en regla para poder entrar en "la tierra prometida". 

Sister Annia me esperaba con alegría, a pesar de las horas intempestivas. Sólo faltaban cuatro horas y media más de camino para llegar a Talawakelle. Llegamos al amanecer. Una casa verde, sencilla por fuera y por dentro. Tierra roja, la escuela justo en frente, y una gran sonrisa en el rostro keniata de Sister Nelly. Estaba en casa. El sábado dormí casi todo el día. Sólo los golpes de martillo de los trabajadores que andaban reparando la casa me sacaron de mi letargo. Por la tarde, breve reconocimiento del lugar: la iglesia, los padres, la casa y las hermanas de la Holy Family, nuestras vecinas. 





El domingo, Eucaristía a las 10.00. La iglesia, un antiguo salón de actos, estaba abarrotada de gente, no cabía un alfiler. Annia y yo llegamos con el tiempo justo y tuvimos que sentarnos en el último banco. La misa fue larga y en tamil. Gracias a Dios y a los liturgistas, el rito, es rito, por lo que si bien no entendí una palabra, al menos pude seguir la Eucaristía. El Evangelio de ese domingo era el de Mateo 15, 21-28, la mujer cananea con la hija endemoniada. ¿Qué querías decirme? A mi me sonó a consejo de bienvenida: Ama como madre; no desfallezcas, insiste y confía en mí. A la salida, ojos brillantes y manos juntas me daban la bienvenida: "Zostran sister, God bless you". Presentaciones con nombres que no sé cómo voy a hacer para recordar y niños curiosos al ver una mujer con zapatos de cordones. 


 La primera semana ha transcurrido veloz. Viajes a Kandy y Colombo para poder obtener la visa de residencia por un año. A pesar de no ser grandes distancias, la compleja orografía de la zona (montaña tropical) y la austeridad de los autobuses (no diseñados para portes hercúleos como el mío) hicieron los viajes eternos. En cuatro días, pasamos más de 25 horas dentro de un autobús; las restantes, en oficinas urbanitas donde la globalización de la burocracia hace inmortal el acertado "vuelva usted mañana" de Larra. He de decir que Colombo me impresionó por sus enormes dimensiones, por la cantidad de gente que alberga y por el armonioso caos de su tráfico en el que autobuses, coches y triciclos invaden carriles a golpe de claxon sin que nada pase. 

 Hoy es miércoles. Esta semana, ya más asentada física y mentalmente, he empezado a estudiar la geografía, la historia y la cultura de este país. Como buena comboniana "benedictina", combino el "ora et labora" echando una mano con la cocina, dado que Annia ha empezado las clases y Nelly anda con las obras de la casa. 


Beatriz Galán, misionera comboniana

Nota: Sri Lanka es una isla rodeada por el Océano Índico, situada al Sureste de la India. Tiene una extensión de unos 65.610km2 aprox. y una población que ronda los 21 millones de habitantes. La mayoría de la población pertenece al grupo étnico singalés (un 75% aprox) seguido por la minoría tamil (11%) y otros grupos menos significativos. Nuestra misión se lleva desarrollando cinco años junto a esta minoría tamil. Indios, griegos, persas, árabes, portugueses, holandeses y británicos pasaron por esta perla del Índico,que un día fue conocida como Ceylán. Desde 1948 fue dominio independiente y en 1972 se convirtió en una república. Actualmente, su nombre oficial es Democratic Socialist Republic of Sri Lanka y tiene un régimen político de república constitucional unitaria y semi-presidencial.

jueves, 17 de agosto de 2017

No hay muro que detenga los sueños





¡Boza!¡Boza! (¡Victoria!¡Victoria!). Escuchamos los gritos en el silencio de la madrugada de nuestra habitación. Sorpresa, miedo, inquietud y alegría. Miles de sentimientos y sensaciones que se chocaban dentro de mí. Quería gritar y guardar silencio. Mientras, los inmigrantes bajaban la calle camino al CETI, celebrando la última victoria en su conquista del sueño europeo. Después silencio.

 La segunda noche que les oí, ya sabiendo lo que significaba el griterío, volví a la cama y pasó mucho tiempo hasta que pude volver a dormir. Pensaba en su duro pasado y futuro. En como dejando todo atrás, su familia, amigos y paisajes se habían embarcado en el viaje que les ha traído hasta mi país. Un país, como todos, construido a través de generaciones de inmigrantes y emigrantes. Estas semanas les he conocido. No a través de los medios o de los prejuicios e indiferencias de mi país. De tú a tú, aprendiendo y descubriéndome a mí misma en ellos. Sintiéndome hermana suya, hijos del mismo Dios. Jóvenes y niños con sueños y esperanzas como los míos: un trabajo digno, una familia, un hogar; pero sin mis derechos. Nacidos al otro lado del charco y por ello considerados ciudadanos de segunda. Les miro, escucho, veo sus sonrisas, su indignación, sus miradas ausentes, viajando a los duros momentos del camino y me siento pequeña, hasta ridícula en mis quejas del día a día, en mis enfados por nimiedades, en mi creencia de merecer todo lo que tengo. 




 Estas dos semanas han sido un regalo precioso. Hemos podido acercarnos al inmigrante y ensanchar el corazón, los objetivos principales del campo de trabajo. Personas de otras culturas y religiones nos han abierto las puertas de sus templos y corazón de forma altruista. Con la única intención de conocer mejor lo que nos une y dejar a un lado lo que nos separa. Han sido días de abrir nuestra mente y alma, apartando la mochila que traíamos de conocimientos, prejuicios, comodidades, etc.; para empaparnos de esta realidad. Una realidad sin filtros, palpable, vibrante y llena de vida. 

Gracias a Dios, los pequeños milagros que suceden en el San Antonio y Ceuta no son un hecho aislado. En Martil (Tánger-Tetúan), nos sentamos en el Centro Cultural Lerchundi, con subsaharianos, marroquíes y europeos a crear lazos y buscar cómo mejorar. Cómo enfrentarnos a esta realidad que vivimos y cómo construir desde nuestra posición un mundo que acoja al inmigrante. De este encuentro tan especial destaco cómo cambiar la visión que tenemos del inmigrante, de amenazante a enriquecedor. Integrar haciendo ver y aprendiendo de sus capacidades y conocimientos, trabajando con ellos de igual a igual. Recalco también que en todos los grupos de trabajo partimos todos de la misma idea: todos tenemos historias de emigración cercanas y en el futuro podremos ser también inmigrantes en otro país. ¿Cómo queremos ser acogidos? 



 Son muchas las experiencias vividas, pero me es imposible compartir todo. Muchos momentos están todavía macerándose, y como el pequeño grano de mostaza darán fruto, pero todavía es pronto para saber cuándo y cómo. Estoy convencida además de que todo lo recibido en estos días no puede expresarse en palabras, hay que vivirlo. Mirar a los ojos al otro y acogernos mutuamente. Abrazarnos en un gesto, una mirada, una escucha y empezar de nuevo cada día, en el convencimiento de que sólo el amor acabará con la ignorancia y miedos que nos hacen construir vallas en vez de puentes. 

 Al final de la película 14 Km se citaba un texto de Rosa Montero, muy duro y real: “Seguirán viniendo y seguirán muriendo, porque la historia ha demostrado que no hay muro capaz de contener los sueños” Soñemos entonces juntos con el mundo que ellos y nosotros queremos, sabiendo que cada segundo de nuestra vida cuenta y podemos aprovecharlo para cambiar el mundo desde nuestro pequeño ámbito de acción. 

Cuando veas a un inmigrante, a cualquiera más débil y desprotegido mírale a los ojos, tiende tu mano, déjate hacer. 

 “…porque el más pequeño entre vosotros, ése es el más grande” , Lc 9, 48

Ana Doreste


jueves, 10 de agosto de 2017

La Torre de Elvira. Construcción de solidaridad



Cuenta el Antiguo Testamento que una vez los hombres y mujeres de la Tierra se reunieron para construir una torre tan alta que llegara al cielo. Ante su actitud de omnipotencia Dios decidió hacerles hablar diferentes lenguas para confundirlos, de tal forma que la torre se quedara sin terminar y los trabajadores se dispersaran desde Oriente Medio a Europa y África, a Lejano Oriente y América, pasándose a llamar ese lugar Babel y la torre, la mítica Torre de Babel. 

A día de hoy, a 20 minutos de Granada, en Sierra Elvira, un grupo de hombres y mujeres, niños y niñas, de diferentes rincones de la Tierra, vecinos de la Alhambra y de otras partes de España, del otro lado del Estrecho y de la otra orilla del charco, se han visto reunidos construyendo un proyecto tan profundo que el cielo llega a él. Ante su actitud de solidaridad, Dios se ha hecho presente entre ellos, fortaleciéndolos en su diversidad, de tal forma que la torre no termine de construirse y los trabajadores se sientan unidos por el vínculo de la fraternidad, esta Torre de Elvira se llama Fundación Escuela de Solidaridad (FES). 




 Nuestro pequeño grupo de Jóvenes en Misión se sumó con ilusión a este proyecto durante unos días (27 julio-1 agosto), conviviendo con los residentes y con el resto de voluntarios, provenientes no solo de diferentes partes de España sino de otros países como Estados Unidos o Italia. FES es un lugar donde se apuesta por la autogestión para dar un hogar a familias que de otra forma tendrían que separarse, o a personas que tendrían que vivir en la calle, todas ellas con su historia y cada una con su cruz. Con tantos caminos, tantas cruces, tanta diversidad, la convivencia tiene sus dificultades, pero en este espacio encontramos comprensión, acogida y compañía. Por eso todos hablan el lenguaje universal de la solidaridad, por eso esta Torre de Elvira sí se puede construir. 


El lenguaje de la solidaridad es complejo, tiene muchos dialectos y a veces puede ser difícil entenderse, pero su gramática básica común surge del amor. Como nos decía Ignacio, fundador y coordinador de la fundación, el amor es vulnerable, donde haya seguridad no hay amor, esa vulnerabilidad bien la experimentamos en la enfermedad tres de nosotros la última noche (y un cuarto el día siguiente), la enfermedad nos hizo cargar con el dolor y la frustración, pero nos hizo receptores del cuidado y la atención, del amor, por lo que no me queda más que agradecer ese final, que lejos de suponer un fracaso, fue un regalo para entender en una dimensión más la solidaridad. También esta vulnerabilidad se muestra en la apertura permanente de las puertas de la fundación, así, del amor nace la hospitalidad, cualquier persona puede entrar a buscar un hogar o a echar una mano. Y con ella, su mochila, sus historias de sueños perseguidos devorados por serpientes en forma de maltrato, desahucio o pateras, sus sentimientos de dolor, tristeza y fracaso, todo ello también llega, y se va reconstruyendo en, y con, la Torre de Elvira. 

 De esta forma la hospitalidad es germen de la comprensión y la empatía, reconociendo en el otro a un hermano nos hacemos cargo de su cruz, nos solidarizamos con su pasión y lo apoyamos en su Gólgota, la solidaridad es circunscribirnos en la causa del otro, pero sabiendo que es su causa. Así se consolida la solidaridad con los cercanos, y construimos la solidaridad con los lejanos, siendo conscientes que para mantener nuestro nivel de vida explotamos ecoespacios más allá de nuestras fronteras, empobreciendo a hermanos y hermanas que se ven empujados a buscar oportunidades encontrándose con nuestras concertinas, y creemos que llevando el Norte al Sur les socorremos, perpetuando los procesos colonizadores. 



Por eso la huella que dejó nuestro grupo en las paredes de FES es la frase de Comboni, adelantada para su época y revolucionaria para la nuestra, Salvar África con África. La solidaridad nos conduce por tanto a la fraternidad, a reconocernos hermanos y hermanas, hijos de un mismo Dios, no en vano uno de los lemas de la fundación es Construyendo familia, familia de sangre, pero también familia universal, una familia cosmopolita donde todas aportemos, donde coger lo mejor del Norte y lo mejor del Sur para imaginar un mundo donde la solidaridad y la fraternidad sean superiores al miedo y la discriminación. Por ello necesitamos escuelas de solidaridad, como la Torre de Elvira. 




 Íñigo Vitón García

miércoles, 5 de julio de 2017

Las piedras también son sustento, no sólo obstáculo





Este fin de semana hemos tenido la oportunidad de desconectar de la rutina para poder reconectar con nosotras mismas, con la naturaleza y con ese Amor que, en ocasiones, dejamos apartado.

 El sábado en la mañana hicimos senderismo desde muy temprano con la idea transversal de que la vida, igual que el camino que estábamos recorriendo, tenía cuestas empinadas por las que sólo podíamos subir agarradas a unas cuerdas, pero también tenía lugares de sombra donde descansar, así como partes del camino donde escuchar a los pájaros y al río de fondo. Durante esa mañana pudimos notar la fuerza con la que nuestro cuerpo comenzaba y el cansancio que nos acompañaba en los últimos tramos del camino. Había tramos en los que pudimos descubrir cómo cada uno de nuestros músculos se tensaba y destensaba con cada paso que dábamos, cómo nuestros talones se hincaban en la tierra, cómo nuestra respiración acompañaba e impulsaba cada paso, uno tras otro, uno tras otro.


 En otro tramo del camino fuimos en pareja avanzando, compartiendo cómo los encuentros de Combojoven nos habían ayudado a reencontrarnos, a volvernos a enfocar. Yo compartía con mi compañera mi enorme gratitud por esa acogida, ese acompañamiento que he recibido de ellos y ellas, independientemente del rincón del mundo en el que estuviera. Recuerdo con especial cariño mis meses en Ecuador, y cómo estando tan lejos de ellas, seguíamos en comunidad, seguían caminando conmigo. Y así pasó el sábado; también había tramos en los que necesitábamos ir solas porque la estrechez del camino o lo empinado de las subidas lo requerían, pero era precioso mirar para abajo y comprobar que detrás de ti estaban las Combonianas animándote a seguir subiendo, caminando contigo. 

 Al finalizar el recorrido estuvimos un rato con los pies metidos en el río que nos había estado acompañando toda la mañana. Qué sanador fue sentarse con ellas a descansar mientras notábamos cómo el agua ablandaba las durezas y calmaba la rojez de los pies. ¡Qué paz! 

 En la noche tuvimos un ratito de oración. Fuimos compartiendo y poniendo algún objeto que habíamos encontrado a lo largo del camino de la mañana y que queríamos ofrecer. Pusimos con tremendo cariño en la tela africana una piña decorada con flores; simbolizaba la perfección del Amor, la geometría perfecta de lo sagrado y cómo alrededor de él crecía y florecía todo tipo de flores independientemente de sus formas y colores, todas permanecen unida al mismo origen y es el Amor el que las mantiene fuertes, vivas. También ofrecimos una piedra, pues ésta nos había servido de apoyo para los pies durante la subida, ya que era ella la que nos impulsaba y sujetaba para no resbalar; no era un obstáculo, había sido necesaria para seguir caminando. Ofrecimos algo más abstracto, la brisa, porque en momentos de subida era sanadora notarla y la tuvimos presente durante todo el camino.





 Para finalizar, nos regalaron dos cerillas; una fue prendida desde el Cirio del altar y la otra cerilla aún sigue apagada. La primera cerilla significa las capacidades y fortalezas que tenemos y que ponemos al servicio de los demás, esas potencialidades que nos permiten seguir creciendo como personas y acompañar a los demás en su crecimiento. La segunda cerilla sigue apagada porque son todas las fortalezas que aún no hemos descubierto pero que está preparada para ser prendida. 

Gracias por este caminar, por este acompañar, por esa forma tan sanadora que tenéis de ayudarnos a seguir descubriendo potencialidades, por ese estar tan reconfortante y acogedor, gracias por ayudarnos a enfocarnos de nuevo. 

 Bego

sábado, 1 de julio de 2017

Aprendiendo la solidaridad

El equipo combojoven os invitamos a participar en el campo de trabajo este verano.
Serán los días del 27 de julio al 1 de Agosto. Aquí os presentamos alguna información. 
¡Animaros pues será una bonita experiencia!


Información del Campo de Verano.

El campo de trabajo lo haremos en la Fundación Escuela de Solidaridad, es un centro llevado adelante por un matrimonio, Ignacio y Dona, desde hace muchos años. Reciben principalmente a madres con sus hijos: niños pequeños, adolecentes o jóvenes, todos ellos en estado de vulnerabilidad. Los residentes en este hogar es de unas 100 personas de diferentes nacionalidades, culturas y religiones. Todos ellos se sostienen por el trabajo que realizan en los talleres, que allí se llevan a cabo.

Nosotros les daremos una mano a los residentes en los talleres durante la mañana y por  la tarde tendremos algunas actividades de formación espiritual y misionera. El tema de nuestro campo será “Aprendiendo la Solidaridad”.
Magda y Maribel en el taller de jardinería. ¡Qué bien se la pasaron!

Inscríbete en: combojovenes@hotmail.com 
Envia tu nombre y apellidos, fecha de nacimiento, lugar de origen, correo electrónico, núm. de móvil y una fotografía tipo carnet.

Lugar del campo: Sierra Elvira, Granada (Os recogeremos en la estación de autobuses/tren) Traer todo lo necesario para el aseo personal y sábanas o saco de dormir.

Fecha: 27 Julio al 1ro. Agosto.
(Llegada el jueves 27 por la tarde, hacia las 18h y terminamos el 1 de agosto después de la comida, hacia las 15h)

Cuota: 50 € (más la voluntad) 


martes, 27 de junio de 2017

Compañera de viaje



En Octubre hará un año que estoy en Brasil. Es mi primera misión y sé que he estado mucho tiempo en silencio, pero lo hice porque en cada cambio es necesario tener un espacio para ambientarse “antes de entrar”. Es como cuando estamos esperando antes de abrir la puerta de una casa nueva: un tiempo para llegar, descansar de un largo viaje, mirar, sentir, oler, tocar…. Un tiempo para conocer lo nuevo y dejar atrás lo bonito del pasado. Un tiempo para mí, para los demás, para Dios, para encontrarlo y encontrarme. 

Ahora sigo con vosotros para describir un poco mi llegada a San Antonio de Matupi, más comúnmente llamado Km180. Antes estuve unos días en Puerto Velho para ambientarme al clima y al ambiente. San Antonio de Maputi, es una ciudad de 15.000 habitantes y la mayor parte son emigrantes del Sur de Brasil que llegan buscando tierras para trabajar y un poco de suerte. Son pueblecitos de “fazendas” que forman comunidades alrededor de una pequeña Iglesia, punto de encuentro de las familias católicas. 

En comunidad somos tres hermanas con una gran riqueza cultural: una es de Mozambique, otra de Brasil y yo de Italia. Está situada en el centro de la ciudad y tiene el compromiso de ser presencia para las dieciséis comunidades de la parroquia en donde hay nativos, indígenas y emigrantes del sur del Brasil. Además, sustituimos al sacerdote que está enfermo, ya que la dificultad de esta Diócesis es la falta de sacerdotes locales. 

 Nuestro trabajo consiste en acompañar a las comunidades y formar laicos para los varios ministerios. El gran desafío es estimular el diálogo entre los indígenas y los de otras culturas, roto a causa de una historia de venganzas recíprocas. Empezar a crear conciencia sobre el problema de la tierra, la ecología y el medio ambiente, palabras difíciles entre personas que empobrecen la flora y fauna por las grandes producciones de ganado. También he tenido la posibilidad de conocer todas las comunidades e interesarme por animarles y hablarles de Infancia y Adolescencia Misionera. Asimismo, ayudo en la pastoral litúrgica del centro, en la pastoral del “dizimo” y en la radio comunitaria. 

A pesar de la gran mezcla de sectas, iglesias tradicionales y culturas… se respira un gran deseo de Dios. Quizás la mayor parte de las personas no conocen lo más elemental del catecismo o la Biblia, pero saben convertir en acciones concretas los valores de Cristo. 

Las dificultades no me faltan por el idioma y otras diferencias culturales, pero estoy convencida de que como Misioneras Combonianas debemos priorizar nuestra presencia en el encuentro con Dios, con el otro, con nosotras mismas y con la realidad que nos rodea. Creo que en la vida misionera ya no existen evangelizadores y destinatarios, sino compañeras de viaje que juntas buscan nuevas iniciativas, no solo en el ámbito social sino en la experiencia personal. Hoy en día, existe la misma sed por seguir sus pasos y su estilo desde la Encarnación hasta la Muerte y la Resurrección. 

 No olvidaros de que vosotros me sostenéis, porque estoy aquí en vuestro nombre y mis energías se multiplican para superar las pequeñas dificultades cotidianas. 

Giuseppina Lupo, Misionera Comboniana

domingo, 25 de junio de 2017

Dar la vida: Luisa y Giussi



Hoy nos hemos despertado con una terrible noticia... 

Luisa Manuel (mozambiqueña de 47 anos) y Giussi Lupo (italiana de 37 anos) han tenido un accidente mortal de coche en Brasil, cuando volvían de celebrar el Día de San Juan con distintas comunidades. 

Estamos sin palabras. Os pedimos vuestra oración por ellas, sus familias y por todos los que tuvimos la suerte de conocerlas.

martes, 18 de abril de 2017

Gestos de resurrección



Una niña iraquí enciende una vela en la iglesia de Marqa, Jordania.
Mis queridos amigos/as
¡Cristo Resucitó! ¡Feliz Pascua! ¡Aleluya!
Espero que este email os encuentre bien con vuestras familias y amigos. Como sabéis, estoy aquí en Jordania, en Amman para aprender el Árabe, este hermoso pero desafiante idioma.
Gracias a Dios, ¡Todo va bien! .Todas las hermanas me recibieron muy calurosamente y también la comunidad cristiana aquí presente. Aunque aquí los cristianos seamos una minoría, no somos los únicos creyentes en un único Dios que nos ama y que siempre es misericordioso. Desgraciadamente, las noticias que circulan en nuestros telediarios muestran una visión diferente de la realidad, pues la mayoría de las veces, lo que queda grabado en nuestras corazones y en nuestras mentes son imágenes de violencia y desesperación.

Mis queridos amigos, con este mensaje quiero compartir con vosotros una percepción diferente de la realidad. A pesar de que parezca que nuestro mundo está inmerso en la muerte y la infelicidad sin luz en medio de toda esta oscuridad, la celebración de este Pascua 2017 puede ser un momento favorable para recibir esta gracia del Señor. La luz de nuestro Señor Resucitado nos puede dar el conocimiento y la capacidad de distinguir señales de vida, de resurrección, de esperanza en medio de la oscuridad y la desesperación.

 Aquí, en Amman, además de mis clases de árabe, estoy ayudando a algunos refugiados a practicar su inglés. Gracias a Dios, existen espacios de diálogo ecuménico e interreligioso que nos permiten realizar estas actividades, como es una biblioteca organizada por las hermanas seculares de la asociación española del padre Poveda. La mayoría de los refugiados que vienen a este lugar son de Irak o de Siria. Ellos tuvieron que huir de la guerra, y Jordania es una país de paso, porque ellos buscan lugar en el extranjero, donde puedan vivir en paz.
Este proceso de esperar por la autorización de un país que te reciba es muy lento y la mayoría tiene que quedarse en Jordania por un periodo de tiempo largo, hasta años. Aquí en Jordania, ellos no tienen permiso de trabajo y para los jóvenes es difícil acceder a la Universidad pues es muy cara. A causa de toda esta situación de guerra, tenemos generaciones enteras paradas sin saber cómo va a ser su futuro.
Pero lo bonito es que a pesar de todas las situaciones terribles, ellos son un verdadero testimonio de esperanza en Jesús que los conoce y que les cuida. Para mí, ellos son verdaderos creyentes practicando en distintas religiones. Deberíais ver la gran comunidad de cristianos iraquíes que celebran la Eucaristía aquí en Amman, todos los Domingos por la tarde. Ellos cantan, rezan, están en paz porque saben que al menos aquí no va a caer ninguna bomba que les reviente la casa.
A parte de estas horas que paso en la biblioteca, voy a visitar algunas familias con la hermana Pierina, una hermana comboniana aquí en Jordania. La mayoría de las familias provienen de Iraq, Siria y Sudán. Desgraciadamente las familias que provienen de África son las más pobres, pues no se les otorga la condición de refugiados porque, oficialmente, en Sudán no hay guerra (aunque sabemos que la situación en Darfur no es de paz). Sí, a veces nuestra memoria es muy corta cuando no vivimos esas situaciones en nuestra propia carne.
En uno de estos días fuimos a visitar a una familia sudanesa, un matrimonio joven con trillizos. Os confieso que mi primer pensamiento fue un pensamiento frío de lógica humana: “Si ya tienen dificultad para alimentarse ellos mismos, ¿Cómo lo harán con tres hijos?” Pero después, en mi oración, consigo percibir toda la fuerza de nuestro Dios que siempre responde con vida (¡y abundante!) a toda guerra y violencia que provocamos en el mundo. Esta respuesta y manera de actuar de nuestro Dios la veo presente en la hermana Pierina. Las visitas que hace parecen tan insignificantes y pequeñas, nuestra ayuda parece tan poco eficiente según nuestros criterios humanos, pero tan llena de gestos de compasión y de esperanza, gestos pequeños que nos enseñan que Dios sigue cuidando y sigue necesitando nuestra ayuda para cuidar de los más vulnerables. Gestos de resurrección. 

Bueno, creo que ya he escrito demasiado.
Todo esto es para desearos ¡Feliz Pascua! .Ojalá podamos percibir esta presencia de Jesús en nuestra propia vida y compartir con todos los que más lo necesitan. Pero me doy cuenta que es solo a través de nuestra intimidad con el Señor que podemos percibir todas estas señales de luz y de vida.

Por favor, seguid rezando por nosotros y sobre todo por todos los que, en este mundo, necesitan de la luz de Jesús. Y, por favor, si alguien viene del extranjero, ¡No le demos la espalda! El mundo pasa por un momento difícil, tantas personas se ven obligadas a abandonar todo por razones que les sobrepasan… Por favor, ¡Seamos instrumentos de paz, acogida y reconciliación! Estoy segura de que esto tendrá repercusión muy grande a escala mundial. Somos el mismo Pueblo de Dios.

¡Feliz Pascua!
Unidos en la oración, en la misión.

 Hermana Joana, Misionera Comboniana en Jordania.

lunes, 27 de marzo de 2017

¡Acogiendo la misericordia del PADRE en su PERDÓN!



Este fin de semana ha sido un encuentro con emociones fuertes. La temática del taller que hemos tenido ha sido: “Vestir al desnudo y perdonar al que nos ofende”. Podéis imaginar lo complicado que es perdonar a nuestros seres queridos cuando hacen algo que no nos gusta, pues más aún, aquellos que nos ofenden. 

En relación a este tema hemos tenido la oportunidad de ver una película muy interesante llamada: “Un largo viaje”. Nos invitó, a reflexionar sobre el perdón y la reconciliación, a replantearnos si la sensibilidad y la humanidad siguen vibrando en nuestro interior. Aspectos que se van perdiendo en nuestra sociedad. En la que, hay una fuerza que nos empuja al propio interés y al individualismo. 

El grupo de combojoven que nos hemos reunido en este encuentro, hemos podido escuchar dos testimonios que nos han conmovido, pues nos han ayudado a ver la realidad existente en otro país. Nos ha llamado la atención dos aspectos importantes tanto, en la experiencia de la misionera comboniana, como del laico  Santi, (¡ también combojoven!) Estos dos aspectos son: la humildad y sencillez con la que nos cuentan sus experiencias. 

Por último decir que, estos días han sido como un empujón para perseverar cada uno en su camino de vida. 

Gracias. La paz.

sábado, 18 de marzo de 2017

Los últimos serán los primeros



Campo de refugiados BMLG, marzo de 2017 




Pedro dijo a Jesús: "He aquí, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido." Respondió Jesús: "En verdad os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras, por mi bien y por el bien del Evangelio, que no es ya reciben ahora, en este momento , cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, con persecuciones, y la vida eterna en el siglo venidero. Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros " Mc 10: 28-31 

 Queridos amigos, nuestra vida continúa en el norte de Uganda, aun no tenemos casa, pero como Jesús prometió a Pedro, hasta el momento no nos ha faltado que comer, dónde dormir, una comunidad con la cual compartir nuestras incertidumbres y preocupaciones del momento y en la cual restaurar nuestra energía física y psíquica, y además una iglesia con la cual alabar al Señor e implorar la misericordia de nuestro Dios. Les escribo para compartir fragmentos de vida, historias de nuestra vida y la vida de nuestros hermanos y hermanas en los campos. 

Para nosotras, hermanas misioneras, la vida es incierta, no tenemos aun una casa donde estar, estamos pidiendo a la Providencia de ayudarnos a construir una casa pequeña y sencilla donde compartir la vida cerca de nuestros parroquianos en los campos de refugiados. Hemos estado un tiempo en Kampala para solicitar el permiso de residencia para poder permanecer en Uganda, lo hemos logrado gracias a Dios, y ahora nos encontramos temporalmente apoyadas en una de nuestras comunidades en el Norte del país. Mientras tanto, cuando podemos vamos a visitar nuestros amigos en los campos y a recoger fragmentos de la vida, sus dificultades y esperanzas. 

Sus historias son a menudo historias de hambre, de enfermedad, de incapacidad de estudio para los de la secundaria, de desempleo, de incertezas… algunos recuerdan con nostalgia el pasado, el exilio es la privación de la normalidad, aunque no sólo. Esta que les comparto ahora es la historia de Harriet, su historia es dramática, pero al mismo tiempo es portadora de dos pequeñas semillas de esperanza que han de ser cuidadas para que la vida venza. 

Yuru Harriet es una joven madre que hace un mes dio a luz a dos gemelas. Vive en una pequeña tienda, tan baja que para entrar hay que doblarse. Su marido es discapacitado y para caminar se ayuda con una muleta de madera. Me detuve a saludarlos y para compartir la alegría de esas dos hermosas criaturas. Harriet no habla mucho Inglés, pero consigue comunicar algo, con ella estaba otra mujer que comenzó a contarme la situación de la joven madre. Harriet, como muchos otros en el campo, ¡está realmente sufriendo el hambre! Su seno magro y tirado, no produce leche porque ella misma no se alimenta suficientemente, de consecuencia también sus bebés están sufriendo el hambre.

Harriet con sus gemelos y la hermana Lorena

El marido de Harriet (la muleta está junto al árbol)


En el campo de la alimentación es escasa y todos están preocupados porque no saben cómo alimentar a las pequeñas. En el norte del país aun no llueve regularmente, de vez en cuando viene un fuerte aguacero, ¡pero después pasan días o semanas y nada! La esperanza de la gente está en la lluvia para comenzar a cultivar los campos. El padre de las bebes me dijo que él no puede hacer mucho, pero que bien o mal el campo consigue trabajarlo solo que por ahora el suelo es duro y seco. 

Al ver estas dos frágiles vidas en esas condiciones, mi temor es que mueren de hambre o de enfermedad. En el pueblo más cercano encontré una casa que acoge madres en dificultad y es administrada por las hermanas de una congregación local, pedí si podrían acoger a la madre con las niñas por lo menos por un tiempo mientras las bebes se vuelven más fuertes; ellas me respondieron que deben seguir el procedimiento correcto. No pudiendo quedarme allí por más tiempo, pedí a una amiga de seguir el caso. 

La vida humana se ve amenazada por un desplazamiento injusto y absurdo, porque no hay ninguna razón que condene a los niños a nacer en esas condiciones! En la oscuridad del corazón humano, nosotras obstinadamente buscamos signos de luz y de esperanza, para que la vida venza siempre. 

En nombre de la fidelidad a Dios y confiando en su promesa de que "los últimos serán los primeros", cuidamos de estas semillas de vida nacidas en suelo extranjero, para que puedan florecer y sus flores también hagan primavera.


Si deseas unirte a nuestra solidaridad con los prófugos del Sur Sudan, puedes enviar tu donativo en dólares o euros a esta dirección:

Benificiario: Hna Lorena Ortiz,
Asunto: pro- Prófugos del Sur Sudan.
Bank Information  Bank:NIC Bank Branch: 
Dirección: Ngong Road P.O. Box 44599 00100 Nairobi – Kenya
SWIFT Code : NINCKENA Account Name  COMBONI SISTERS LAVINGTON
NºCuenta. 1000024704                   Euro/Dollars



Un abrazo bajo la bendición del Eterno, 

Lorena Ortiz, Misionera Comboniana. 

PS: Les adjunto una foto de la familia, así cuando oran por ellos al Señor, los recuerdan con un rostro concreto.

miércoles, 15 de marzo de 2017

¡Feliz cumpleaños, Comboni!



Un día como hoy de 1831 nacía en Limone sul Garda, Italia, San Daniel Comboni. 

 Desde muy joven sintió la llamada misionera de anunciar el Evangelio en medio de África, haciendo que los propios africanos fuesen los protagonistas de su evangelización y desarrollo. 

 Hoy, 186 años después, todos los miembros de la Familia Comboniana siguen haciendo realidad este gran sueño de Comboni. 

 ¡Que él interceda por cada uno de nosotros, y nos ayude a vivir cada día su pasión y amor por Africa y los africanos!

miércoles, 1 de marzo de 2017

Denuncia de los obispos de la hambruna en Sudán del Sur


La situación general de Sudán del Sur continúa siendo crítica. Por un lado, las Naciones Unidas llamaban la atención acerca de la preocupante situación de hambruna que está ya teniendo lugar en algunas regiones del país, los obispos en su reunión plenaria vuelven a escribir una carta pastoral y reconocen con merecida humildad que de poco han servido las últimas cartas pastorales escritas… la situación ni ha mejorado ni hay motivos para la esperanza. 

El Papa Francisco ha hecho también un llamado para que los países ayuden al Sudán del Sur en este momento de necesidad. Mientras que es una realidad innegable que hay ahora millones de personas en peligro de hambruna imminente (pueden llegar a 5’5 millones en la estación seca) y que estas personas necesitan urgentemente ayuda humanitaria, también hay que considerar algunos aspectos que pudieran escaparse a cualquier lector que no esté familiarizado con el país. El documento de los obispos dice que esta emergencia ha sido causada “por la mano del hombre” y, si miramos en el mapa, es cierto que los condados actualmente más afectados por la amenaza de hambruna son los colindantes con el pueblo natal de Riek Machar, antiguo aliado y hoy archienemigo del presidente Salva Kiir. 

Hay una sospecha bastante fundada de que ciertos ataques por partes de grupos armados contra la población civil de aquella zona tenían como objetivo impedir que muchas personas pudieran quedarse junto a sus campos y que no pudieran cosecharlos, con la consecuente vulnerabilidad que conlleva. Se habla incluso en la carta pastoral de “castigo colectivo” contra un grupo étnico de aquella zona (los nuer) cuyo único pecado es pertenecer a la misma etnia que Riek Machar. 

Hay otro aspecto que también hay que tener en cuenta ya que ha tenido lugar demasiadas veces en la historia reciente del país. Por desgracia, la ayuda humanitaria no siempre es políticamente independiente. Demasiadas veces, sobre todo en los aciagos años de la guerra civil, los alimentos o los materiales de primera necesidad que se han distribuido no han hecho otra cosa que llenar los ya repletos bolsillos de una élite en el poder, ya que un tanto por ciento de la ayuda “se desvía” por canales paralelos, enriqueciendo a los de siempre y dejando de nuevo en la cuneta del olvido a los más vulnerables.



Por desgracia, la clase dirigente del Sur de Sudán no son unos políticos conocidos por sus principios éticos. Aunque vayan ahora vestidos de limpio y el flamantes todo-terrenos, siguen teniendo dentro de sí la mentalidad de señores de la guerra, la misma mentalidad que tuvieron en su día en la lucha contra los árabes… y tienen mucho cuidado de tener a toda la parentela fuera del Sudán del Sur, en exclusivos colegios y residencias de Kenia, de Uganda, de Australia, Canadá o los Estados Unidos, mientras que los hijos del populacho caen como chinches víctimas de un conflicto causado por la ambición humana. Si la situación del país es seria, está claro que estando quienes están en el poder, la cosa no tiene visos de arreglarse. 

Nos alegraremos de que la comunidad internacional apoye y ayude a la población necesitada, pero la historia nos enseña que muchas de estas situaciones extremas son un caldo de cultivo ideal para que quienes tienen la sartén por el mango hagan el agosto a costa de los que mueren lejos de las cámaras y del ojo público. 

A. Eisman (http://blogs.periodistadigital.com/enclavedeafrica.php)

martes, 28 de febrero de 2017

Nepes




¡Quiéreteme! Una palabra compuesta con un significado único. Es casi una orden exigiéndonos a querernos. La pregunta podría ser, ¿quién nos está exigiendo que deberíamos querernos? Sencillamente, Dios nos dice que tenemos que querernos, que tenemos que aceptarnos, y esto lo hace precisamente desde nuestro prójimo. 

Los consejos de los demás nos ayuda a levantarnos, a entender lo que nos aturde, y a poder estar más cercano de Dios a través del consejo, la oración, y la fe viva. Durante este fin de semana hemos tenido la fortuna de aprender acerca de la importancia del agua, tanto físicamente como espiritualmente. Dar de beber al sediento no es una sugerencia abierta, sino más bien un derecho que tenemos todos como seres vivientes. Así lo ha sugerido el Papa Francisco. Luego en el aspecto espiritual, leímos acerca de Nicodemo. Se nos dice que seriamos capaces de aprender mucho más si nos dejásemos enseñar por nuestra propia infancia. De hecho, si uno observa a los niños, uno aprende que siempre viven el momento. Si tienen hambre, lloran, si están alegres, sonríen, y si tienen a un ser querido cerca de ellos, lo abrazan. Más aún, el texto que hemos leído nos ha indicado que también podemos aprender de los animales, de la naturaleza, y de todo ser viviente. 

 La sed es algo que determina nuestra supervivencia. Nuestro cuerpo está compuesto mayormente de agua, por lo tanto, el agua es algo que necesitamos imprescindiblemente para sobrevivir nuestro día a día. Una palabra muy interesante que he aprendido es: “nepes”, en la cual viene del hebreo. La palabra tiene dos significados: significa al mismo tiempo “alma, vida” y también “garganta, deseo, apetito”. Esto tiene un gran significado ya que la palabra sed en hebreo se refiero a lo espiritual y a la vez, a lo físico. Esto demuestra que tenemos que cuidar nuestro cuerpo (templo) y a la vez nuestra vida espiritual. Llegar a este entendimiento y poderlo aplicar en nuestra vida cotidiana demostraría un gran paso hacia el amor y respeto propio. 

 Como en todos los encuentros, siempre recibo una respuesta, ya sea directa o indirectamente. En este caso, yo había llegado un poco nublado, con problemas aparentes que se desvanecieron en un instante. Casi como la analogía del cuarto paso del hortelano; la lluvia de Dios. Como joven en el encuentro puedo decir que muchos, posiblemente, sentimos la misma sensación de recibir muchas bendiciones al estar todos juntos por una causa: Dios. 

Es cierto que ninguno de nosotros nos aconsejamos directamente, pero la semana es tan potente que seguramente nos abrimos a la enseñanza de Dios y permitimos que se nos aconseje, ya que siempre podemos aspirar a más sin duda alguna. Por lo tanto, lo único que puedo decir es que siento un gran agradecimiento hacia la familia Comboniana por regalarnos algo que no tiene precio. El regalo del consejo, del agua pura que viene de la lluvia de Dios.


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