miércoles, 18 de abril de 2012

¿Testimonio es martirio?



Del 13 al 15 de abril, en Madrid, hemos participado como grupo comboniano al IX encuentro misionero de jóvenes promovido por la OMP. 

 Han sido varias las intervenciones. A mí, particularmente, me ha impactado el primer testimonio del padre blanco Miguel Larburu. Su testimonio tenía como título “Testimonio y misión”. Pero, según lo que ha vivido y contado, yo lo titularía TESTIMONIO ES MARTIRIO. Si, porque anunciar el evangelio es, en cierto modo, un morir a sí mismo para confiar sólo en Dios; es abrir el corazón y dejar que Él lo penetre y lo abarque todo. 

 Vimos la película “De dioses y hombres”, como parte importante de la intervención del padre Miguel, la cual, desarrolla muy bien el camino para llegar a ser un verdadero testigo…incluso, hasta a la muerte física. Empieza despacio explicando de donde nace este deseo, de mantenerse fiel al primer amor hasta dar la vida. En la película resuena una pregunta: ¿Cómo sabe uno que está verdaderamente enamorado y sobre todo cuando Dios parece permanecer en silencio? Y respondía el padre Luc, uno de los monjes protagonistas a la pregunta formulada: Nadie lo puede saber con certeza, pero nosotros tenemos que confiar y dejar espacio a Dios para que opere en nosotros y con nosotros. 

 Y siguiendo esta línea, así se desarrolla el proceso de este amor sin condiciones en los monjes. De las dudas, el miedo, y el pensar si vale la pena morir, se abre camino la idea de que marcharse de allí significaría abandonar, renegar a su promesa de Fidelidad a Cristo. Dice p. Christian: “Todos tenemos elección porque ninguno puede dar lo que no tiene”…pero ellos tienen una cosa importante: tienen a este Dios que empuja a tener esperanza y confiar hasta el final. 

 Con esta certeza, uno a la vez, recuerdan el primer amor que les hizo entregar su vida a Dios. Esto, asociado a lo que la gente ha visto en ellos (“Vosotros sois las ramas y nosotros los pájaros. Si os marcháis no sabremos donde posarnos”) deciden, todos juntos, quedarse con la gente, compartiendo la misma situación y esperando el martirio y viviendo la pobreza, el fracaso y la muerte como algo que conduce a Él.

 Todo esto, en la película, aconteció en el tiempo de Navidad. Por eso ante el Niño indefenso que nace en un pesebre han colocado todos los pobres del pueblo “desarmados” con la promesa de buscar “ser cuna” en la cotidianidad para todos y permitiendo, a ese Dios, nacer verdaderamente en cada uno de ellos para dar vida y esperanza.

 Con estos sentimientos concluí el día pidiendo al Señor el don de la fidelidad. Que una pequeña semilla de confianza brote también en mi vida y pueda crecer y desarrollarse en el camino de mi elección por Él.

Giusi, postulante comboniana

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