Señor, lleva mis ojos y mis oídos y mis sueños
a ver y a escuchar y a soñar el aquí,
donde ahora me toca vivir,
sin querer ir más lejos
sin pretender huir,
sin hacerme la ciega, el sordo o la irreal.
Señor, que te vea y que te oiga y que toque
en mi cotidianidad,
en mi rutina sin sobresaltos.
Haz que te encuentre
aquí, sin esperar otro lugar
o una ocasión mejor
o una posibilidad que está por venir.
Señor, no permitas que llores desconsoladamente
por lo que ya pasó,
ni dejes que me nuble la vista
el espejismo de tantos oasis que no existen.
Procura en cambio, que bese las baldosas
que mis pies pisan ahora.
Hazme saborear el hálito de la vida
con que me alimentas cada día.
Señor, por lo que más quieras,
no toleres nunca jamás, pero sobre todo hoy,
que viva sin vivir,
y bendíceme con el don y la valentía de saber
que todo lo que tengo,
mi aquí y nada más que aquí, sin ir más lejos,
está en tus manos.
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