martes, 30 de agosto de 2011

Improvisemos un guión definitivo






He perdido sin quererlo los papeles que me diste antes de ayer
Donde estaban los consejos que apuntamos pa´que todo fuera bien

Y ahora estamos camino de la frontera disfrutando a poquitos la vida entera

Así que tengo que encontrarte para verte y que me digas otra vez...

Y necesito una ayudita, una palabra que me pueda convencer
Y cuando me hablas la montaña es más pequeña y no se mueve cada vez
Que dice que cruzamos camino de la frontera, disfrutando a sorbitos la luna llena
Cómo no voy a mojarme, si aquí dentro nunca deja de llover...

Aquí no para de llover



Y si seguimos con el plan establecido
Nos cansaremos al ratito de empezar
Probablemente, no encontremos el camino
Pero nos sobrarán las ganas de volar...

Nuestras ganas de volar



Y que fácil es perderse de la mano, madre mía, agárrate
Que el vacío de ese vaso no se llena si no vuelves tú a querer 
Y pasa cuando estamos camino de la frontera, pobrecita, cansada la vida queda...
Cómo no voy a cansarla, si no paro y nunca dejo de correr
Y si no paro de correr...

Improvisemos un guión definitivo
Que no tengamos más remedio que olvidar
Que acerque todas las estrellas al camino
Para que nunca falten ganas de soñar.


Y suena bien, parece que nos hemos convencido

Solo tenemos que perder velocidad
Hace ya tiempo que no estamos divididos
Algo sobraba cuando echamos a volar...cuando echamos a volar
Y sé que sé, que suena diferente
En tu futuro, en su pasado, en mi presente

Y hemos sobrevivido, aunque no sé bien a qué
Y es que andábamos tan perdidos que no podíamos ver
La alegría que se lleva el miedo
Los buenos ratos al sol de enero
Ver contigo cada amanecer
Pensando dan bi dan bi dan
Dan bi dan bi dan...

¿Qué?Mucha pobreza, ¿no?



Lo hemos leído en el: blog “Huellas”, de la ONGD Madreselva y nos ha gustado tanto, que queremos compartirlo aquí...
Ésta es, quizá, la pregunta que más he escuchado desde que regresé deMozambique después de pasar allí 10 meses. Confieso que mi respuesta, hasta ahora, no era la misma para todos: dependía del grado de interés que mostraran mis interlocutores o, para ser más exacta, del grado de interés que, a mi parecer, tenían los oyentes. Sin embargo, me doy cuenta de que eso no es justo: debo ofrecer la misma respuesta a todos (mi experiencia, al fin y al cabo) y dejar que cada uno forme su opinión sobre el grado de pobreza de la gente con la que he convivido este año.
Es eso lo que voy a hacer, voy a ofrecer una respuesta, a todo el que la quiera, sea quien sea. ¿Quieres conocerla? Puede que mi respuesta baste y te quedes tranquilo: ahora sabes un poco más del mundo y de cómo viven otros. Está bien. O puede que surjan muchas otras preguntas sobre la realidad de la que te hablo, sobre la realidad en la que tú vives, sobre ti mismo y tu relación con el mundo… ¿Aceptas? Allá voy.
El salario mínimo en Mozambique, según tengo entendido, está fijado por el gobierno en 2500 meticais al mes (unos 50 euros). Conocí a gente que cobraba esa cantidad en la ciudad, pero no en el campo. Allí, los sueldos de la gente que conocía iban desde los 600 (12€) a los 1500 mt (30 €). Ese dinero, les sirve para comprar un saco de arroz por 600 mtn, pan, y té para el desayuno, algo de verdura o fruta de vez en cuando en el mercado, jabón para lavar la ropa y “tomar baño” y quizá para comprar un kilo de azúcar con el que “animar” el té. Toda la familia suele depender de un único sueldo (si existe).
Así, no he visto morir a ningún niño o niña de hambre pero sí he visto cómo muchos de ellos y sus familias comían lo mismo día tras día, sin posibilidad de elegir menú, ajustando bien las provisiones para racionar los sacos de maíz, cacahuete y judías que habían conseguido recolectar en sus “machambas” (huertas) tras la época de lluvias.
He visto pasar frente a la casa de las hermanas a muchas mujeres y niñas con “baldes” en sus cabezas, en busca de agua para cocinar y limpiarse y he compartido con ellas cómo día a día aumentaba la preocupación por la falta de lluvia. Los kilómetros que debían recorrer para encontrar agua también aumentaban por cada día sin llover.
Todas las personas que conocí tenían un techo bajo el que dormir. Algunos de ellos, eran los propietarios del mismo. Otros, eran sus hijos e hijas, parejas, madres, padres, hijastros, hijastras, sobrinos, sobrinas, primos, primas… Dos habitaciones, no mayores que una cama de matrimonio, bien podían albergar el sueño de diez personas. Cada vez era más frecuente tener la posibilidad de hacerse con un colchón, pero lo más común era que durmieran en camas tradicionales de cuerdas (las mismas que servían como asiento de las visitas en el “quintal”) o en esteras de palma extendidas sobre el suelo.
Aquellos que no tenían casa, tarde o temprano encontraban a alguien que les dejaba dormir en la suya, a cambio de colaborar en las labores del hogar o en el cuidado de los niños de la familia. Aunque esto era una solución temporal que les obligaba acambiar de hogar muy a menudo (con la consiguiente preocupación por buscar dónde dormir).
A veces, también, eran las familias quienes buscaban a sus hijos e hijas otras casas en las que vivir como criados.
Hablando de educación, la media de alumnos por aula era de 50 y en el curso inicial de primaria, podían convivir alumnos desde 5 a 14 años. Todos ellos, en educación primaria, tenían acceso a los libros de texto de forma gratuita, pero rara vez esos libros conseguían llegar al final del año en buenas condiciones: en parte, por el descuido de sus dueños; en parte, por falta de una buena “pasta” en la que trasportarlos; en parte, porque eran alimento de los ratones en sus casas.
Las escuelas que conocí tienen sólidas paredes, aunque por el tejado fácilmente se cuela el agua en la época de lluvias (al inicio de curso) y no tienen ventanas. Las páginas se pasan solas, los lápices ruedan por las mesas y los papeles vuelan en los días de viento…
En una ocasión (y me consta que no fue la primera vez), tuvieron que hacer un examen oficial a la sombra de una “mangueira” (un árbol) por falta de aulas.
En cuanto a salud, decirte que el lugar en el que pasé la mayor parte del tiempo disponía de un hospital recién construido y con un equipo médico muy competente (según la opinión de la doctora de una ONG suiza que colaboraba con ellos). Diariamente eran atendidas allí miles de personas, de todo el distrito. El diagnóstico más común: “no tienen sangre” (esto creo que me dará para otro artículo). Para recuperarse, en los casos de “sin sangre” más graves o para las operaciones, era necesario que un familiar donara dos litros de sangre al hospital o bien que desembolsaran el dinero para comprar la sangre necesaria para la intervención (no sé a cuánto estaba el litro).
Hasta hace un año, la electricidad no llegó a la zona. Ahora, poco a poco, va llegando a las casas, llevando la luz y también la radio, la televisión, aparatos de música y la posibilidad de cargar los móviles. Es cierto, sí, hay personas capaces de privarse de algunas comidas para conseguir comprar algún aparato. También te cuento que es normal tener un móvil, pero también es frecuente es no tener nada de crédito en él.
Como ves, traté de hablar sólo de aspectos económicos y sociales. Podría seguir contándote muchas más cosas, pero creo que es suficiente para que, ahora, emitas tu propio juicio y, o bien te quedes ahí, con tu opinión y tus conocimientos, o bien continúes.
Por mi parte, estoy abierta a ayudarte en lo posible a responder a esas nuevas inquietudes que pudieran surgir, aunque lo que deseo, de verdad, es que junt@s construyamos nuevas preguntas y, también junt@s, demos respuestas. Uno sólo no puede cambiar el mundo, pero tal vez unos cuantos…

 Miriam Piqueras es maestra de Educación Infantil en Lugo, y ha sido voluntaria en Mozambique.

lunes, 29 de agosto de 2011

En el hospital de Gidel



Santi es un amigo nuestro (parte también del grupo de jóvenes que nos hemos reunido a lo largo de este año en Madrid) médico, que ha ido hasta los montes Nuba en Sudán para dar una mano en el hospital de la misión de Gidel. Regresará en los próximos días. Estas han sido sus vacaciones...

Estamos bien, todos. Fue complicado llegar, pero la diócesis tiene mucho empeño en mantener su presencia aquí, así que finalmente tiene pilotos dispuestos, y alguna pista donde aterrizar, ahora que la de Kauda, por varias razones, no se puede usar. El hospital está hasta arriba, fundamentalmente por los heridos en los bombardeos. En cuanto a estos, es muy variable, pararon hace tres semanas (no se sabe por qué), y la semana pasada se reiniciaron, aunque con mucha menos intensidad por lo que cuentan (yo llegué aquí hace solo 10 días). Bashir ha declarado que quiere un alto el fuego, pero ayer mismos volvimos a ver los antonovs en el cielo, nadie le cree. 

 Las hermanas están bien, tranquilas y fuertes. La verdad es que los que les preocupa a ellas y a todo el mundo no es una bomba, pues estas realmente son muy erráticas y las tiran a boleo y esporádicamente, pues lo que quieren con ellas no es ganar la guerra, sino aterrorizar a la gente para que huyan de esta tierra o al menos, no planten. Lo que preocupa, por el contrario, es el hambre que ya hay (¡mucho!) y sobre todo el que se avecina, pues la gente se esconde o huye y no se ha plantado ni un 20% de lo que se hizo el año pasado, y eso que aquello ya fue, como se ve hoy, muy muy poco. Y el aislamiento total. Están cerrados con barreras militares todos los accesos, y no acceden ni las agencias humanitarias. hay cascos azules egipcios en Kauda, pero no salen del compound y son vistos, con probable buen criterio, como enemigos y espías.

 El precio de todo lo básico se ha disparado por 10 y 20 (una pastilla de jabón es IMPOSIBLE de encontrar, y quien la vende lo hace por 10 dólares!!!. Un saco de sorgho ha pasado de 30 dolares a 350). La diócesis sigue enviando aviones con suministros, medicinas, etc, pero es variable y depende de la lluvia, porque la pista que tienen que utilizar es un barrizal. No se sabe cuando el WFP volvera a volar, dejaron comida antes de irse, pero es muy poco.

El día a día tranquilo, tampoco el trabajo es excesivo porque la lluvia limita algunos días el acceso al hospital. Los expatriados contratados (enfermeras) fueron evacuados, pero ahora comprenden que fue una medida probablemente excesiva, porque insisto, la situacion es tranquila en general, al menos en esta zona concreta (más al sur, entre Kadugli y Talodi, hay algunos combates, pero en esta zona más alta, y más en plena lluvia, es materialmente imposible una invasión armada, y el SPLA está muy fuerte. Es por eso por lo que sueltan bombas, porque saben que no pueden, de momento, hacer otra cosa). La parroquia se llena los domingos. El pasado fue una fiesta porque se celebraba el aniversario del hospital y vino mucha gente. Estuvieron bailando toda la noche. Como en las ultimas semanas el ritmo de bombas bajó tanto (en julio fue lo peor) la gente, según dice, está más tranquila. Lo malo es que es imposible saber qué tiene Bashir en la cabeza, cualquiera sabe.

Ya les dí abrazos y recuerdos de vuestra parte a las hermanas. Están aquí Mari Carmen y RocÍo (mejicanas) y Angelina (ugandesa). En nairobi está Amal, porque era la responsable de las escuelas y están cerradas (no se sabe aún como evolucionará eso). Ví a a la superiora regional, sister Giovanna, tambien en Nairobi.

Tengo que ir pensando en volver porque vuelo a Madrid el 14 y llegar a nairobi desde aquí puede llevar tiempo, por la lluvia y lo variable de los vuelos. imagino que saldre a primeros de la sem que viene, para tener margen. Quedará en una visita de un amigo, nada más, pero aún así nos ha merecido muchísimo la pena. No puede expresarse facilmente.

Un abrazo enorme

Santi

¡Seguimos aquí!



Aunque parezca que hemos desaparecido del mapa...no, seguimos aquí :) Los preparativos antes de la JMJ y vivirla ha sido incompatible con sentarse delante del ordenador a poner algo por escrito (¡y no será porque no nos han pasado cosas esos días tan intensos!)

Estos son mis últimos días de vacaciones, pero no me resisto a colgar algunas fotos al menos de los días vividos en la JMJ, en la que nos reunimos los jóvenes de Portugal y los españoles por una misma pasión...¡la Misión!

Conociéndonos el primer día
El equipo "español" en el Macro-Festival de VEN+ID



Antes del chaparrón en Cuatro Vientos

Y el "equipo portugués" viviendo la JMJ
Cantores...hasta en el metro


¡Portugal y Madrid en el corazón!






sábado, 13 de agosto de 2011

La vida florece en medio de la violencia



En varias ocasiones hemos compartido la destrucción que nuestro pueblo Nuba está sufriendo en este tiempo, pero ahora nos gustaría mencionar algunos signos de vida que son nuestra fuerza para seguir adelante.

Me deleita el empezar a escribir estas líneas con el sonido de la lluvia. Sí, la gente estaba preocupada porque la estación de la lluvia se estaba tardando y decían: "Ésta estación de lluvia no es buena y nuestros campos están sufriendo, sin embargo esperamos en la providencia divina". Sí, la gente espera por las manifestaciones de Dios y esta tarde nos habla de Él ya que ésta es la quinta lluvia en dos semanas...¡Las plantaciones de maíz, sorgo y cacahuate gozan de la lluvia!

La lluvia nos trae dos bendiciones: la primera es que reune a la gente para trabajar en unidad. Familiares y vecinos limpian la tierra y riegan las semillas. En estos momentos de trabajo en el campo los campesinos comparten sus alegrías, preocupaciones y esperanzas. En este tiempo de guerra la ayuda comunitaria es muy importante para sentir que todos ellos comparten la misma situación política y social.

La segunda bendición que la lluvia trae a esta tierra es que cuando llueve cesan los bombardeos aéreos.

En el hospital local hay también signos de vida. Los heridos traídos al hospital desde que la guerra empezó (5 de Junio del presente) hasta hoy son 292; de estos heridos sólo 3 fallecieron. Los bombardeos no distinguen entre los soldados y los civiles, por eso es frecuente ver niños heridos, mujeres y ancianos entre los soldados atacados.

En este momento la sala de hombres tiene 212 pacientes, la mayoría de ellos heridos en la guerra. Sor Angelina, la jefa de enfermeras comenta: "Veo algo que no había visto antes: la gente se desfigura. Las personas traídas al hospital llegan con serias heridas de bala en el pecho, cerebro y huesos...caras destrozadas y cuerpos paralizados. Según los médicos, los pacientes que son traídos al hospital en tales condiciones dificilmente sobrevivirían pero aquí se palpa la acción de Dios que permite su recuperación. Algo bonito: caras sonrientes se aprecian cuando los pacientes empiezan a sentir su recuperación. ¿Y qué decir de los pacientes que se recuperan totalmente? Su gratitud hacia Dios es enorme de tal manera que la expresan en gritos de júbilo y cantos de alabanza. Aquellos que perdieron algún miembro de su cuerpo salen contentos pero deseosos de obtener una prótesis que supla el miembro perdido.

Las comunidades cristianas de las diferentes capillas de la parroquia llegan al hospital para visitar a los heridos. Aunque si la guerra ha disminuido la adquisición de jabón, azúcar, sal y otros los cristianos comparten lo poco que tienen con los enfermos. Llegan con comida también y se ponen a bañar a los heridos. Estos servicios son muy apreciados por todos. La visita de esta gente generosa concluye con un momento de oración preparada por un sacerdote o el catequista. "Benditos de mi Padre, porque cuando estuve enfermo, me visitaron..." (Jesús)


Sor. Mary Carmen, Misionera Comboniana en Sur Sudán

viernes, 12 de agosto de 2011

Tragicomedia


Basta decir un par de veces lo trágica que es tu vida y encontrar a alguien que te tome en serio, para que empieces a pensar que tal vez no es tan grave.

(Cosas que pasan cuando la JMJ está a punto de llegar y los amigos asoman por la puerta, gracias a Dios)

jueves, 11 de agosto de 2011

La Gloria de Dios


"Los antiguos cristianos decían: la gloria de Dios es el hombre que vive. Nosotros podríamos concretar esto diciendo: la gloria de Dios es el pobre que vive... Y creemos también que poniéndonos del lado del pobre e intentando darle vida, sabemos en qué consiste la eterna verdad del Evangelio."

Monseñor Óscar Romero
Intervención en la Universidad de Lovaina,1980
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