miércoles, 7 de marzo de 2012

Cuaresma misionera




Son muchos los aspectos misioneros del tradicional Mensaje para la Cuaresma de Benedicto XVI en este 2012. Conviene centrar nuestra atención en ellos, porque encierran fundamentales lecciones evangélicas, que contribuirán a hacer de nuestras vidas, y de las de toda la humanidad, pequeñas piezas clave para alcanzar un mundo más acorde al que Dios quiere para todos nosotros. 

De entrada, pocos como los misioneros y misioneras, que son capaces en algunos casos de jugarse la vida por servir –como nos enseña Jesús– al que más lo necesita, responden al lema “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras” (Heb 10,24), con el que se ha presentado este Mensaje de Cuaresma. Pocos como ellos, que son capaces de desprenderse de las comodidades del llamado “mundo desarrollado”, nos demuestran que “nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre”. 

Corremos un alto riesgo de acostumbrarnos a todo en nuestras vidas. Ya nada nos asombra. Ni lo bueno, por lo que dar gracias, ni lo malo, por lo que indignarnos y alzar nuestra denuncia. Como alerta Benedicto XVI, hay que ponerse “en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de ‘anestesia espiritual’ que nos deja ciegos ante el sufrimiento de los demás”. 

Lo primero que hace un misionero es fijarse en una realidad que le interpela, que le hace abrir su corazón y actuar. Y ¿qué es lo que nos impide tener esta mirada humana, amorosa y de justicia hacia el otro, nuestro hermano? ¿Qué nos ciega ante el sufrimiento de hombres y pueblos? “Con frecuencia –señala con precisión el Papa– es la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás”. Vemos, pero no “nos fijamos”, no “observamos bien” la violencia que salpica las noticias; nos parece ajena la injusticia que padece el otro; nos habituamos a la pobreza y la miseria de nuestras calles y mucho más a la que se encuentra muy lejos. 

Así las cosas, nos enfrentamos al peligro de no ser capaces de reconocer el mal ni de luchar contra él. Pero también estamos al límite de no reconocer el bien, de no alegrarnos por las buenas obras, de no ser capaces de renovar nuestra esperanza. “Una sociedad como la actual –señala Benedicto XVI– puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida”. El mundo –como decía Pablo VI en la encíclica Populorum progressio– está enfermo y “su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos”. 

La Cuaresma debe ser un tiempo de conversión: de abrir los ojos para fijarse en la realidad del otro; de escuchar el grito del pobre; de darse gratuitamente a los demás; de mostrar nuestra capacidad de servicio; de no callar ante el mal; de asombrarse y admirar todo lo bueno que hay en nuestro mundo; en definitiva, de llenar el corazón de la vida cristiana de caridad, fraternidad y comunión con los demás. Será de este modo una Cuaresma misionera, en la que “todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras”.

Extraído del editorial de la Revista Misioneros de OMP

lunes, 5 de marzo de 2012

¿Están tus talentos en juego?

No llevéis mapas


“Emprended vuestra jornada sin ideas preconcebidas y sin prever la fatiga, sin proyectos sobre Dios, sin recuerdos de él. No llevéis mapas para descubrirle, sabiendo que está por el camino y no a su término…Dejaos encontrar por él en la pobreza de una vida cotidiana" 

Madeleine Delbrêl

domingo, 4 de marzo de 2012

Ser cristiano es una locura




Este era el lema que ha conducido los tres días de reflexión en Granada con un grupito de chicas portugueses: Joana, Mariana, Melanie. 

Todo empieza por una llamada, por una elección de Dios. Así hizo con muchísimos personajes de la Biblia, así hizo con Comboni y con las primeras hermanas que se fueron con él en Africa. Cinco jóvenes mujeres en el 1877 que se marchan para África, un continente inhóspito, siguiendo a un hombre que tiene un gran deseo y un gran sueño y un Dios que no siempre habla de forma clara ¿no se parece a una verdadera locura? Nosotros diríamos: ¡Qué coraje!, pero en realidad todo fue por obra de Dios. 

Él eligió en la pequeñez y le bastó un simple Sí para hacer grandes cosas con un puñado se mujeres. Como dice San Pablo en la primera carta a los Corintios “Dios eligió a los locos a los que no son nada para confundir a los fuertes” haciendo entender que la verdadera fuerza no viene de nosotros mismos sino de Dios. 

Con los ojos del mundo los cristianos “estamos locos” porque… 

• creemos en “Alguien” que no vemos con los ojos, no tocamos con las manos, no oímos con los oídos.
• creemos en “Alguien” que otros han testimoniado y muchos ni siquiera han conocido.
• creemos en un pobre, un sin certeza, que iba errando sin demora, seguido por pescadores, ladrones y gente pobre y sencilla.
• creemos en uno que predica el amor para todos sin distinciones y por estas personas ha sido marginado, no creído, acusado y matado. 
• creemos en “alguien” que “ha fracasado”.
• creemos en un muerto en cruz, la muerte más humillante.
 • creemos en testigos que han elegido morir y dar la vida por este crucificado.
• creemos en un hombre que decía ser el Hijo de Dios. Pero a pesar de esto Yo creo en Jesús. 

Y puede ser que estoy loca porque 

• no creyendo en uno que no experimento con los sentidos, sino con el corazón.
• no creyendo en uno que no tiene certezas materiales sino fuerza interior que empuja.
 • no creyendo no en el fracaso humano sino en la plenitud divina.
• y creyendo que después de la cruz hay resurrección.

Me he dado cuenta que se vive mejor así porque estoy alimentada por una presencia que es gozo y fuerza, deseo y camino y que llena los vacíos que los otros bienes no logran llenar.

Giusi Lupo


La madre



 Mujer, ¿cómo te llamas? -No sé.
¿Cuándo naciste, de dónde eres? -No sé.
¿Por qué cavaste esta madriguera? -No sé.
¿Desde cuándo te escondes? -No sé.
¿Por qué me mordiste el dedo cordial? -No sé.
¿Sabes que no te vamos a hacer nada? -No sé.
¿A favor de quién estás? -No sé.
 Estamos en guerra, tienes que elegir. -No sé.
¿Existe todavía tu aldea? -No sé.
¿Éstos son tus hijos? -Sí.

Wislawa Szymborska 

sábado, 3 de marzo de 2012

Dale la vuelta al mundo



"Vivimos en una sociedad que desafina, que interpreta demasiado a los demás y los entiende muy poco"

Carlos Maña

La responsabilidad del Amor



“También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado recíproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. 

El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón”. 

Benedicto XVI 
Mensaje para la Cuaresma de 2012
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