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sábado, 15 de febrero de 2020

Experiencia de misión

¿Sientes algo dentro que te llama a conocer de cerca la misión? 
¿Quieres compartir el espíritu apostólico?
Este verano puedes vivir una experiencia de misión en Uganda. Escríbenos para más información o cualquier duda que tengas.
¡Te esperamos!


lunes, 24 de junio de 2019

Ludoteca misionera

Este mes os recomendamos Reina de Katwe, una película basada en la historia real de Phiona Mutesi. Katwe es su barrio natal, en la periferia de Kampala (Uganda), a través de su historia la película nos acerca las dificultades diarias a las que se enfrentan sus habitantes. También nos adentra en los conflictos internos de una adolescente que vive el choque de realidades al salir de su barrio y su familia.


lunes, 3 de junio de 2019

San Carlos Lwanga y compañeros mártires

Hoy, festividad de San Carlos Lwanga y compañeros, nos sumamos a las oraciones de nuestros hermanos y hermanas de Uganda.

Señor, Dios nuestro, tú haces que la sangre de los mártires 
se convierta en semilla de nuevos cristianos;
concédenos que el campo de tu Iglesia,
fecundo por la sangre de San Carlos Lwanga y de sus compañeros,
produzca continuamente, para gloria tuya,
abundante cosecha de cristianos.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

lunes, 11 de junio de 2018

La otra cara del mundo. La misma cara humana

Queridos amigos y familia, me llamo Carmen y soy laica misionera comboniana.            
Hace menos de un año estaba todavía por tierras africanas, viviendo con el pueblo Acholi (en Uganda), lo que ha sido, sin duda, un periodo muy especial de mi vida. He estado en Gulu tres años, en un orfanato, trabajando con los niños en actividades creativas en un pequeño taller que hicimos entre todos. También trabajaba con las mamás en la gestión del almacén y el granero, donde teníamos que secar y almacenar el maíz, arroz y otras legumbres que recogíamos en el campo, y que después repartíamos para comer.

Mirando hacia atrás pienso en cómo los pasos que das (a veces sin entenderlos) hacen el camino, un camino que Dios ha diseñado en alguna parte y que sueña con mostrarnos a cada momento. Tu camino, que a veces necesita de alguien que te empuje porque estás paralizado, de alguien que te acompañe, incluso que te lleve en brazos porque estás demasiado cansado. Pero, ¿qué me decís cuando en el camino corres y saltas llena de entusiasmo porque sabes que tu ruta esta vez la sientes en el corazón al 100 %? Para mi esa es la vocación, cuando caminas de la mano de Dios y llena de paz, aunque los problemas no hayan disminuido, ni las dudas, ni siquiera los miedos, pero la balanza se descuelga irremediablemente por el platillo que dice alto y fuerte “esto es lo que Dios quiere para mí, y por eso me siento tan plena”.

Con esas dudas llegué al grupo joven de las Misioneras Combonianas (como había ido a tantos otros sitios), pero al instante sentí que allí había algo que me atrapó, por su fuerza y por resultarme tan familiar. Cosa inexplicable, me sentía en casa, sin conocer el sitio ni a las hermanas. Estoy muy agradecida al cariño y a la paciencia que tuvieron, ya que fue de su mano como pude discernir que mi vocación estaba en la familia Comboniana. Así conocí a los laicos, que viven también el carisma de Comboni y con los que comparto camino ya seis años. Con los Combonianos abrí las puertas de África…. Continente que había estado durmiendo en mi corazón no sé desde cuándo, ni por qué. Sólo sé que quería estar, quería vivir, sentir y compartir la experiencia de Dios con el pueblo que tuviera la generosidad de acogerme, de acompañarme y de enseñarme otra cara del mundo. Cara que al final es la misma, humana.

No hay sorpresas, porque el hombre sueña igual en todas partes, sonríe, llora, piensa, siente. Las relaciones son también las mismas, pero ¡qué determinantes son los envoltorios!, ¡qué determinante la pobreza que te ata y no te da opción a elegir!, ¡qué cruel la vida “de mínimos” que mata por una simple infección…..”
Así que la experiencia se hace carne, precisamente cuando te desarmas y ya no hay marcha atrás. Ese mundo que intuías está y es duro, muy duro para mucha gente, gente que nació como tú, pero en otra parte, sólo eso.

Aquí Dios se vuelve más centro, porque sin el eje de la fe, todo se desmorona. Es fácil dejarte acariciar por lo “bonito” de la experiencia misionera, que en mi caso fueron muchísimas cosas, como la suerte de vivir en comunidad con tres laicas polacas con las que he disfrutado y compartido, el pueblo acholi de carácter abierto y acogedor, los niños que siempre lo hacen todo más fácil y divertido, la vida más despacio y sin tanto ruido, más de relacionarse y crecer…..Pero si no llevas cuidado, por otro lado te va invadiendo lentamente una tristeza fruto de esa injusticia crónica que está en las entrañas de este mundo y que lo divide en los que abusan de los demás y en los que no pueden defenderse.
En Gulu construimos un precioso taller “Art Studio”, donde hacíamos muchas manualidades que después vendíamos a los voluntarios que se acercaban a visitarnos. Pero lo fundamental era que pudimos hacer un espacio para divertirnos y hablar con los niños, mientras ellos se daban cuenta de que eran capaces de hacer cosas preciosas. Todos estaban muy orgullosos cuando terminaban una libreta, un lapicero o un monedero. Ellos me enseñaron a mí, a hacer coches con botellas de plástico y guirnaldas de flores para ponerse en el pelo.

Tres años son pocos para entender profundamente tantas cosas, pero sirven para intuir, para acercarte a personas de una cultura tan lejana y tan cercana a la vez, porque eres capaz de sentir cosas muy fuertes, como la gratitud auténtica de corazón, la sensación de fraternidad, la esperanza y la alegría. En Uganda he sido muy feliz.

Y ahora estoy aquí, en Murcia, intentando reconstruir todo lo que ha quedado debilitado por esa dura realidad, de la que creo que es imposible escapar una vez que la miras a los ojos. Intentando que Dios, que fue el que me llevó hasta allí, me ayude aquí a no olvidar, y a no dejar que la tristeza me invada, que me ayude a aceptar y a aprender a vivir con una fe nueva, fe que se ensució con la tierra del camino, pero que se tiene que levantar, sacudir y volver a caminar con fuerza.
Confiando en que el amor tiene la última palabra, y no otros ruidos que intentan imponerse. Para eso cuento con mi familia, amigos, y hermanos laicos combonianos, que me acompañan y ayudan en este periodo a recuperar la esperanza para vivir con plenitud y alegría, y quién sabe si en un futuro poder volver a África con la misma ilusión, sino mayor, con la que llegué a la aldea de Gulu un mes de agosto de 2014.

Carmen Aranda,
Laica Misionera Comboniana

sábado, 6 de febrero de 2016

Candidato al Premio Nobel de la Paz



Victor Ochen, premio Mundo Negro a la Fraternidad 2015 y candidato al Premio Nobel de la Paz

"Cada vez que me preguntaba por lo que tenía delante de mí, me ponía a mirar a todos lados y me preguntaba dónde estaría la solución. Entonces me fijé en mí mismo y me convencí de que había que acabar con la tendencia al sufrimiento de la comunidad. Dejé de mirar la solución militar como una vía para solucionar el conflicto y comencé pensar en clave de paz”

jueves, 11 de junio de 2015

Hoy soy yo



"Por eso, ya no preciso de razones para ser
porque me descubrí limpia
brillante
victoriosa
incólume
probada
bendecida
batallada
negra
ya no,
no preciso razones
hoy soy yo
liberada."

Shirley Campbell

El vídeo lo han realizado cerca de 500 mujeres de Uganda, felices por haber sacado adelante sus sueños con micro-créditos.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

¡Para que las madres tengan vida!



La semana pasada, la ambulancia fue llamada para transportar a Nachap, una joven madre de 25 años, embarazada de 8 meses, encontrada sin sentido, por su marido. Por desgracia su estado era muy grave, aunque si el feto estaba aún vivo. Practicamos la cesárea y conseguimos salvar al niño, que las enfermeras del hospital llamaron Judas Tadeo, como el santo llamado de las causas imposibles. Pero desgraciadamente  Nachap no sobrevivió a la operación.

¿Cuántas son las mujeres que mueren por enfermedad o por parto? Las estadísticas no son muy precisas, pero sabemos con certeza que son muchas las mamás, en el Karimojong, que mueren por distintos motivos, en este caso por  vivir demasiado lejos del hospital, o bien por ser fieles a la tradición que quiere que la mujer dé a luz en casa y sola. Esto es lo que la mayoría de ellas trata de hacer, por lo tanto cuando surgen complicaciones llegan en condiciones tan graves, como Nachap, de no poder hacer nada por ellas.

 En nuestro hospital hay una media de 1000 partos al año, correspondientes al 18% de los partos de la región. El hospital S. Kizito de Matany (Uganda), pertenece a la diócesis de Moroto y está situado en una de las regiones más olvidadas y pobres de Uganda, el Karimojon. La obra fue iniciada por las Hermanas Misioneras Combonianas en los años 70. Se comenzó con un simple dispensario, y hoy existe un hospital capaz para 284 camas, con servicio de hospitalización, prevención, Escuela de Enfermeras y Obstétricas.

El hospital S. Kizito, a pesar de que se considere un hospital rural, en realidad funciona como el regional. A causa de la falta de servicios  sanitarios en la región y por la pobreza de los habitantes, son muchas las personas que provienen de otros distritos, además porque el costo de nuestros servicios es asequible a la población.  Aquí, los pobres encuentran siempre un médico y reciben las curaciones del caso; pueden obtener un diagnóstico y las terapias necesarias a un precio accesible gracias a la contribución de nuestros amigos y bienhechores.

La misión de nuestro hospital es la de garantizar los servicios sanitarios a los estratos más vulnerables  de la población, en particular las mujeres y los niños. Por esto los costes de los sectores de maternidad y pediatría se pueden considerar simbólicos, por no decir gratuitos.  Por ejemplo: en pediatría, un niño hospitalizado paga el equivalente a 15 céntimos por las visitas, las terapias, la comida y todo lo que necesita.
 En el sector Maternidad, un parto normal o una cesárea cuestan menos de un euro. 


¿Por qué todo esto? Como se ha citado, según la tradición local, la mujer es considerada una buena madre si consigue parir sola en su casa. Es por esto por lo que sólo el  18% de los  partos son seguidos por una partera local. El mismo tanto por ciento se da en el hospital y en los centros sanitarios periféricos. El resultado es que la mortalidad materna nacional se calcula en 700 muertes  en 100.000 partos, mientras que en el  Karimojong es de 435 muertos en 100.000 partos. En realidad, el número de los  decesos sea probablemente mucho más alto  de los datos referidos más arriba. 

Con este proyecto, queremos convencer al mayor número posible de madres del Karimojong para que vengan a parir a nuestro hospital y así contribuir con nosotras, a salvar a muchas mamás y a sus hijos. 
Como reto a las convicciones locales, quisiéramos poder continuar a ofrecer servicios prenatales gratuitos, más un pequeño regalo a los recién nacidos y a las mamás que eligen dar a luz en un ambiente que ofrece dignidad y seguridad.  Los regalos pueden incluir: 1 kilo de azúcar, una  pastilla de jabón, una mantita para el bebé y un corte de tela para la mamá. Son cosas sencillas pero que, en nuestro ambiente, representan un lujo. 

Que Dios nos inspire y nos ayude a hacer disminuir la muerte y el dolor, a hacer crecer la vida y la gracia por Su gloria y la felicidad de sus hijos e hijas. 

María del Rosario Marinho, misionera comboniana


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