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lunes, 22 de julio de 2019

Ludoteca misionera

Mauvaises herbes es una película francesa cuyo título se ha traducido como Mala hierba. Una película sencilla, sin grandes efectos de Hollywood, con una historia muy dramática pero en la que no faltan las risas de una buena comedia. Un reflejo de la vida, sencilla y tragicómica. De esta manera nos acerca la realidad de un niño refugiado, una mujer que le acoge y cuida, y un hombre de buena voluntad que quiere cambiar la realidad de desigualdad de París. Una realidad de enfrentamiento entre bandas, de racismo y de abusos. Una realidad de amistad, entendimiento y solidaridad.
Con la luminosidad de la comedia y las sombras del drama, esta película no te dejará indiferente. Cada uno y cada una tenemos nuestro lugar para luchar por un mundo más justo, sin perder la sonrisa.


lunes, 22 de abril de 2019

Ludoteca Misionera

Las cifras son maleables, justificables y silenciables, la persona es historia de vida, compromiso y compartir. The Visitor (2007) nos cuenta una de estas historias transformadoras, una historia de amigos, del ritmo de la vida a golpe de djembé.

"En un mundo de seis mil millones de personas, sólo necesitas a una para que te cambie la vida"


lunes, 24 de diciembre de 2018

Feliz Navidad

¡¡Feliz Navidad!! Os deseamos una muy feliz Nochebuena de compartir con familia y amigos. En esta noche tan especial no queremos olvidar a quienes viven noches muy duras, en alta mar o cruzando desiertos, para ellos nuestra pequeña luz del árbol. 
Ante tanto discurso de miedo y odio al migrante empobrecido y desposeído no podemos olvidar que María y José se vieron obligados a huir con Jesús recién nacido a un país desconocido, armar una nueva vida con las pocas pertenencias que llevaban puestas. Jesús, tras ser agasajado con oro, incienso y mirra por los Magos de Oriente; Jesús, finalmente agasajado con oro, incienso y mirra por miles de devotos en todo el mundo; Ese Jesús, fue migrante, fue desposeído de sus vestiduras y crucificado. Por eso el Reino de Dios es de los olvidados y silenciados, porque el mismo Dios es uno de ellos. Ante el miedo y el odio, los cristianos y cristianas debemos clamar con la libertad que da el amor, ser coeherentes con el mensaje del Evangelio.
Os compartimos esta preciosa "Nana de la patera", cantada por la Escolanía Salesiana María Auxiliadora de Sevilla, la letra es del poeta Alfonso Valverde y la música de Juan Manuel Espinosa.


A la nanita nana
duérmete, cielo,
la patera es chiquita
grandes los sueños.

Que Jesús y María también se fueron,
huyendo de un Herodes
al extranjero,
huyendo de un Herodes
el Dios eterno.

Cuando lleguemos, niño,
cuando lleguemos
comerás pan de trigo
y hasta cordero…

Que es Navidad, mi vida,
y el Dios del cielo
sólo quiere una cosa:
que nos amemos…

Nosotros por el hambre,
Él por el miedo,
nosotros en patera,
Él en jumento.

Tu papá va remando
y yo te velo,
los Herodes y el hambre
quedaron lejos.

Cuando lleguemos, niño,
cuando lleguemos
comerás pan de trigo
y hasta cordero

Que es Navidad, mi vida,
y el Dios del cielo
sólo quiere una cosa:
que nos amemos.

A la nanita, nana,
duérmete, cielo
que se duerme mi niño,
se está durmiendo.

Que lo arrullen la luna
y los luceros,
que se callen las olas,
que calle el viento…

A. Valverde

lunes, 21 de mayo de 2018

Ludoteca Misionera

Samba, un nombre borrado
"Joven, Varón, Raza Negra", así quedan registradas las personas que intentan encontrar en nuestro país un futuro digno pero no lo consiguen, negándoles hasta su nombre. Así se (des)identificaron a los 15 asesinados en el espigón del Tarajal (Ceuta) el 6 de febrero de 2014. A partir de este hecho, Mariano Agudo reconstruye la historia de uno de ellos, Samba. Para ello, Mahmoud Traoré realizará el trayecto inverso de Samba, buscando el origen, las razones, la realidad. A través del documental vamos acompañando a Mahmoud en un viaje lleno de sentimientos, de denuncia y, sobre todo, de dignidad: un viaje que devuelve el nombre borrado a Samba.
Actualmente se está difundiendo en diversos espacios por toda España, te animanos a buscar si su proyección está organizada cerca de tu casa (y si no, la productora se ofrece a llevarla a cualquier espacio donde se pueda compartir, puedes animarte tú mism@ a ser el impulso).


Enlaces: 



viernes, 16 de marzo de 2018

Perseguidos


"Cuando salí de Senegal, salía con la cabeza llena de sueños. Llegué a España con la cabeza llena de sueños. Ahora tengo la cabeza llena de miedos" Lebón (pseudónimo de migrante senegalés en la transcripción de su testimonio)

Nos llega una triste noticia, Mbaye Ndiaye ha muerto en Madrid tras ser perseguido por la policía en una redada. Ndiaye era senegalés, tenía 35 años y llevaba 14 en España. Era vendedor ambulante, y según los primeros testimonios, fue perseguido por la policía desde Sol hasta el barrio de Lavapiés (C/ Mesón de Paredes), donde ha sufrido un infarto y, a pesar de los esfuerzos del SAMUR, ha fallecido. Estos hechos aún no tienen versión oficial. Pero más allá de los detalles que se esclarezcan en los próximos días, deja en evidencia las condiciones a las que se ven forzadas a vivir las personas migrantes.  Perseguidas.
Vecinos de Lavapiés encienden velas en el lugar de fallecimiento de Mbaye Nsiaye
(Fuente: @fanetin)

Pensar en Mbaye Ndiaye, me hace pensar en Pierre Osar, compañero de camino de un día de 2011 por Senegal, en una aldea llamada Ndiemane. Tras una tormenta que dejó atrancados los todoterrenos en el fango, tocó hacer una caminata hasta el pueblo. Varios jóvenes llegaron para sacar las ruedas del barro y llevar las mochilas en carretas tiradas por mulas. Uno de ellos era Jean Pierre. Con un poco de su inglés que había aprendido en la escuela, y con un poco de mi francés que había aprendido en el colegio, fuimos recorriendo el camino entre baobabs. Su sueño era ser informático, y no lo tenía fácil en la aldea así que había ido a la ciudad. Esos días estaba en la casa de sus padres ayudándoles con la cosecha, pero que ya casi no daba para cubrir los gastos. Quería emigrar a España para trabajar y poder enviar dinero a su familia. No sé si consiguió asentarse en la ciudad, si consiguió evitar un viaje inhumano. No lo sé, desde entonces no he sabido nada de él, el correo que me apuntó en un papel bajo la lluvia debía tener alguna errata que lo hacía inválido. Hago mías las faltas. Pienso en Pierre, siguiendo un sueño, perseguido por la necesidad.
Con Pierre Osar en Ndiemane (2011)
Pensar en Mbaye Ndiaye, me hace pensar en Serigne. Senegalés de 42 años, residente en España desde hace trece. Quien compartió su testimonio en la Jornada de Migraciones Climáticas, empujado a lanzarse al mar en una patera por el expolio de los recursos pesqueros por parte de multinacionales, que abastecen nuestros supermercados. Hago mías las faltas. Pienso en Serigne, siguiendo un sueño, perseguido por el despojo.

Pensar en Mbaye Ndiaye, me hace pensar en todos esos migrantes con los que convivimos en nuestro día a día. Esas miradas hacia otro lado, esas miradas de recelo. Esas palabras ausentes, esas palabras condenatorias. Hago mías las faltas. Pienso en Ndiaye, siguiendo un sueño, perseguido por los prejuicios.

“ Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho 
Gabriel Celaya (La poesía es un arma cargada de futuro)

Íñigo Vitón García



martes, 13 de febrero de 2018

Jóvenes persiguiendo la vida

Este mes os traemos el testimonio del Padre Rafa, misionero comboniano de la comunidad de Granada.

Estas líneas están escritas desde la vida, desde la propia experiencia de quien las escribe. No quisiera que te las tomaras como una simple descripción de la inmigración de nuestros días a la que se ven forzados cientos de miles de jóvenes de tu misma edad. Es por eso que, el contenido de este escrito junto con la experiencia de vida que lo sostiene, quisiera que te ayudara a ti, joven, que lees estas líneas para que veas la fuerza que tiene la solidaridad.

Quisiera hacerte ver que naciste y vives en el mundo occidental, un mundo llamado desarrollado y lleno de muchas y variadas oportunidades. Un mundo que se califica, también, como un mundo de bienestar donde las necesidades básicas, casa, comida, agua, ropa, sanidad, escolarización de cada persona están garantizadas. Esto que lo ves como lo más natural y que ni se te pasa por la cabeza que pueda faltar porque forma parte de tu vida de todos los días, lo tienes y lo disfrutas a diario, resulta que la pura realidad nos hacer ver que no lo es así para cientos de miles de jóvenes africanos de tu misma edad.

El grupo de 19 jóvenes africanos 

Date cuenta que lo que das por incuestionable no es evidente para muchos otros jóvenes como tú.

Seguro que has oído o visto en internet o en los medios de comunicación que muchos son los jóvenes que se ven obligados a dejar sus países. Te has preguntado alguna vez ¿Por qué lo hacen? ¿Cuáles son sus motivos y si es mucho lo que arriesgan? ¿Cuáles son las realidades que viven en sus países?

Todas estas preguntas tienen su respuesta. Y las respuestas son el contenido principal de estas líneas que están dirigidas a ti, joven.

Las respuestas vienen desde la cercanía, escucha y convivencia diaria con 19 jóvenes inmigrantes africanos acogidos en nuestra comunidad de Misioneros Combonianos en Granada. Todo inició el 16 de diciembre del año pasado cuando casi 60 jóvenes inmigrantes africanos, de reciente llegada a las costas de Motril y Almería, fueron abandonados a su suerte a las puertas de la estación de autobuses de la ciudad de Granada.
Parte del grupo de migrantes acogidos en Granada
La acogida de estos jóvenes africanos en nuestra casa, a lo largo de los días de convivencia, han ido pasando de la asistencia a la promoción humana. La convivencia nos ha ido quitando muchos prejuicios y miedos que, en realidad, no existen. Nos hemos dado cuenta de que los prejuicios y los miedos son el resultado del desconocimiento, de la ignorancia y de ver al otro como distinto. Lo cierto es que cuando convives con ellos día a día te das cuenta de que, estos jóvenes africanos, son tan parecidos a nosotros como lo son tus colegas de barrio.

Volvamos a las preguntas: ¿Por qué dejan sus países estos jóvenes? ¿Cuáles son sus motivos y si es mucho lo que arriesgan? ¿Cuáles son las realidades que viven en sus países?

Las respuestas, que ellos mismos nos comparten, son de que el hambre y la muerte cotidianas les quitan la vida y la esperanza… Los jóvenes africanos (nos dicen) vivimos entre muertes violentas todos los días desde que nacimos. En Mali, Nigeria Tchad y, países del África del Oeste, como son Guinea Conakry, Costa de Marfil, Sierra Leona, son países en los que cientos de miles de jóvenes no tenemos futuro ni oportunidades para prosperar.

Nosotros, jóvenes inmigrantes africanos, estamos desesperados y nuestra desesperanza está nutrida por los conflictos sociales que vivimos, cada día. La vida se nos hace insoportable. Esta situación no es de ayer, está enquistada desde hace muchos años y cada año va a peor. En nuestros países hay persecución y favoritismos interesados que nos privan de las pocas oportunidades que hay, repartiéndoselas siempre entre los mismos.

Y continúan contando, a todo esto hay que añadir las violencias inter-étnicas y religiosas. Las enfermedades como son el cólera, el sida, el ébola, etc… que ponen en peligro y nos mantienen arrodillados al 90% de las familias de nuestro país.

Y… cuando, estos jóvenes africanos, nos comparten las atrocidades del camino hasta que llegaron a nuestras costas (para unos 9 meses desde que salieron de sus países, para otros 11) ¡¡¡eso sí que clama el cielo!!!

Nos cuentan: “En el desierto, atravesando Libia, nos encontramos con grupos de Mafias de Tuaregs, ellos son de piel blanca que se creen europeos, ahí vivimos un verdadero calvario. Esas mafias nos tratan como esclavos, algunos fuimos vendidos a la gente rica por el módico precio de 20 30 euros. Millares de jóvenes son golpeados y quedan heridos violentamente por no tener el dinero que se les pide, y otros después de ser torturados rompiéndoles los pies, las manos, los brazos o reventándoles los ojos pierden la vida”.

Si el calvario del desierto no fuera suficiente ahora se tienen que enfrentar, esta vez por agua y en pateras, al mar Mediterráneo. Nos cuentan que una avería en el motor o una ola demasiado grande son frecuentemente nuestra muerte.
El grupo de jóvenes africanos en la patera en la que llegaron a las costas de Almería
La travesía del mar nos puso delante de la elección más difícil de nuestra vida y nos decíamos una y otra vez: “Avanzar, es morir. Volver atrás, es morir. Vayamos hacia adelante, hay que avanzar o morir”.

Bastantes respuestas hemos recibido. Caemos en la cuenta que estos jóvenes africanos de tu misma edad y que, a tu misma edad, han vivido “el doble” de su edad biológica… Por lo acontecido en sus vidas se podría decir que “han nacido dos veces”. Son un milagro el que estén vivos.

¿Cómo no vamos a abrir nuestras manos de par en par a quienes así llegan a nuestras costas?

Joven, ahora que has llegado hasta el final de estas líneas y sabedor de la dura y cruel realidad que viven cientos de miles de jóvenes africanos inmigrantes, pregúntate si todavía te queda alguna duda de hacer lo que esté de tu mano para perder tu miedo, desechar los prejuicios que ensombrecen la solidaridad.

Acércate con respeto, conoce, defiende y colabora solidariamente en la ayuda al inmigrante. Recibirás mucho más de lo que des. Te lo aseguro desde mi propia experiencia.

P. Rafael Pérez mccj
Parte del grupo de migrantes acogidos en la comunidad
comboniana de Granada.  A la izquierda, el P. Rafa
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