jueves, 22 de julio de 2010

Tomás en Las Tres Mil


Como Tomás, que necesitó meter el dedo en la herida, así me he comportado estos días. Acabo de volver de vivir unas semanas en un barrio marginal de Sevilla y me he pasado el tiempo exigiendo pruebas para verle el sentido a lo que estaba haciendo.


Qué pobre.


A pesar de lo que veía a mi alrededor, a pesar de la comunidad extraordinaria que nos acogió en su piso, a pesar de las horas de oración, a pesar de mi obcecación por ver el lado positivo a todo lo que me ocurre...exigí en mi interior un papel firmado que le diera valor al cariño que iba dándole a los niños. Y sólo entendí mi trampa el día que me volvía a casa. Cuánto me queda por aprender y cuántas cuerdas me faltan por soltar, para darme sin necesitar estadísticas, ni confesiones, ni fuegos espectaculares. Cuánto, en definitiva, para ser y no para estar.


Pero, por suerte, a la gente que ama Dios le sobran los papeles y estoy segura de que cada vez que lo necesito, me salvan de mi propia estupidez. Yo soy de libros, de argumentaciones, de teoría, de tesis y antítesis, de tener el corazón en la cabeza. Y me salvan ellos, bajándome el corazón a su sitio y pidiéndome que ame sin pruebas, sin papelitos que demuestren que se lo merecen.


Qué gran lección.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts with Thumbnails