viernes, 25 de enero de 2013

El infierno



"Beatriz, yo antes creía que el infierno era mucho fuego y diablos con cuernos, ya sabes, porque eso era lo que me habían dicho. Pero ahora creo que es como que Jesús está en el centro del cielo y la gente va haciendo un círculo a su alrededor, porque quieren estar con él y el infierno es estar al final del círculo y no verlo porque hay mucha gente de por medio"

Teología de una clase de 6º de Primaria

lunes, 21 de enero de 2013

Te pedimos valientes





"Que haya bocas que pregonen tu nombre, Señor.
Que haya ojos de creyentes que vean las necesidades
de los hermanos.

Que haya pies valientes que vayan a donde nadie va.
Que haya corazones que se entreguen a los que nadie
se entrega.

Que haya bocas que anuncien que Tú eres el Dios
de la salvación.

Que haya vidas que se entreguen para que otros tengan
tu vida.

Que haya manos de creyentes que den la mano
a los que buscan y no encuentran.

Que haya generosidad entre los creyentes para llevar
tu Reino a todos los rincones de la tierra.

Señor, suscita misioneros y misioneras en tu Iglesia"

domingo, 20 de enero de 2013

La copa de vino





Comienza el banquete. Te veo entre los invitados. Estás cerca de un grupo de hombres en el que destaca uno. Quiero explicar porqué me llama la atención ese y no otro, y no soy capaz.

Te observo desde un rincón, casi escondida. Estás atenta a todo. Te acercas a otras mujeres; hablas con ellas; ríes; y no pierdes de vista a aquel hombre. En un momento percibo que tu mirada recorre rápidamente la sala. Algo pasa y te has dado cuenta. Con tres rápidos movimientos te acercas al hombre. La familiaridad del trato, lo cerca que te posicionas para hablarle, la brusquedad con que él te responde y la serenidad con la que te alejas, sin alterarte, me hacen pensar que hay un vínculo fuerte entre vosotros. Es el vínculo de las entrañas. Te has apartado con rapidez y silencio. Tal y como habías llegado.

Nuevamente desplazas los ojos por toda la sala y encuentras los míos, escondidos como estaban. Te acercas. Me acerco. Me miras, sonríes y le señalas. 

- Ve y busca a los demás. Haced lo que os diga-.

 Te miro. Dudo. Pienso. 

–No sé quién es. No es el dueño de la casa. (…) ¿Que llenemos las tinajas? ¡No vamos a terminar nunca!

Y lo hacemos sin pensar ni razonar. Lo hacemos porque nos lo dice Él, porque nos mira distinto del resto. Y sacamos vino en vez de agua. Y seguimos sin entender, porque nuestra lógica no sabe de signos mesiánicos.
No vuelvo al rincón, no puedo, no quiero. No entiendo nada. Bebo vino, porque Él me ofrece la copa. Porque hay para todos los que deseen beber. 

Mi corazón se alegra. La busco en la sala. Y ella me mira, me sonríe. Y su mirada vuelve a Él. 

Y yo ya no quiero hacer otra cosa más que mirarle y seguirle.

Bea Galán

sábado, 19 de enero de 2013

El botón


Sólo la oración





Ni el frío ni los exámenes impidieron que nos volviésemos a reunir en Madrid para un nuevo “combo-finde”, que nos traía un programa intenso en torno a la oración. Alrededor de la mesa del desayuno nos fuimos uniendo uno tras otro, con nuestras historias a cuestas, saludando a los que se unían, conociéndonos un poco mejor: Jesús, Nelly, Inma, Lucía, Gladis… No hay nada que no consiga una buena taza de café por la mañana temprano (bueno, y unos auténticos ponchos de lana: uniforme “obligatorio” en los encuentros invernales de las combonianas) 

La mañana comenzó con la oración preparada por Rodrigo, en la que se nos invitaba a ir más allá del conformismo, a alcanzar nuestro máximo, a ser valientes para reconocer el sueño de Dios para nosotros y llevarlo a cabo. ¿Y cuál es la mejor forma de adentrarnos en el corazón de Dios? El hermano Jesús fue el encargado de guiarnos a través del taller sobre la oración y “sus agobios”, que luego pondríamos en práctica el domingo por la mañana con las lecturas del día.

Comienza el taller sobre la oración y "sus agobios"


La tarde se nos pasó volando con el testimonio de Inma, laica misionera comboniana, que nos mantuvo con el corazón atento a su recorrido vital y a su experiencia misionera en Perú. Conocimos distintas realidades dentro del mismo país, la apuesta de la familia comboniana por impulsar la cultura de los afroamericanos, el silencio que se respira (y se sufre) en las montañas, los desafíos a los que se enfrentan los laicos misioneros y, sobre todo, el entusiasmo, la valentía y la alegría de arriesgarse que nos transmitió Inma.



¿Cuánto tiempo estás dispuesto a “perder” en la amistad? “¡Domestícame, por favor!”, le suplica el zorro al Principito. Y tú, ¿cuánto tiempo estás dispuesto a “perder” con Dios? ¿Realmente eres capaz de ver los milagros que nacen de la oración? 

Este mes nos tocaba cine-forum y la película elegida fue “En un mundo mejor”, con la que nos enfrentamos a las pequeñas y violentas decisiones de los protagonistas. El debate se dio (¡y bastante vehemente, además!), a pesar de las horas que eran ya y del día tan intenso que llevábamos. ¡Hora de irse a la cama, panda!

Cerramos el encuentro con la parte “práctica” de lo aprendido el día anterior y la misa en nuestra pequeña capilla. Siempre es un gustazo celebrarla con el padre Juan Antonio, que nos sigue sorprendiendo y entusiasmando con su querida R.D del Congo.

¿Nos vemos en el próximo encuentro? :)



martes, 15 de enero de 2013

¿Cuándo vale la pena?




Leo la noticia de unos gemelos sordos de 45 años que,ante la perspectiva de quedar también ciegos, piden la eutanasia y les es concedida. Murieron a la vez el 14 de diciembre en un hospital belga.

Realmente, este tipo de situaciones (el año pasado leí la de una madre que llevó a cabo una petición así tras quedarse en una silla de ruedas) me superan, me rebelan, me...me...dejan desarmada, como si me cogieran de la camisa y yo no parara de dar zarpazos en el aire, inútilmente.

No quiero, no quiero, no quiero convencerme de que la vida sólo merece ser vivida si somos "aptos para todo". No quiero, no quiero, no quiero creerme que la vida no tiene sentido cuando se aproxima al final. No quiero, no quiero, no quiero pensar que yo misma lo pensaré cuando llegue el dolor. No quiero, no quiero, no quiero que nadie piense por mí que estaré mejor cuando él muera.

No quiero, no quiero, no quiero por mucho que las leyes lo permitan, por muy moderno que sea, por mucha reafirmación de la libertad personal que implique. Porque quiero, quiero, quiero pensar que tengo sentida por mí misma, no por lo que sea capaz de hacer. Y quisiera, quisiera, quisiera que alguien también luchara por mí...si un día me sintiera un estorbo para él.
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