viernes, 21 de octubre de 2011

Adoracion




"Quedarme ahí, SER esto, adoración simplemente, calladamente, sin canto, sin palabra, sin gozo en los sentidos." 

Cristina Kaufmann, OCD 

 ¿Por qué estas frases de Cristina me llegan tan hondo como haciendo eco en el corazón? 

 Algo tan simple, tan parecido a no hacer nada, y sin embargo es adoración, es dejarse hacer. 

 Sin nada que distraiga, ni canto, ni palabra, ni gozo sentido, sino sólo ser adoración de Quién te espera.

 También sin palabras, sin música, con un inmenso amor de Padre que quiere compartir Su vida contigo, darte paz y felicidad porque es todo Amor. 

 Ana María Gallart, rscj

Para una amiga, que acaba  de empezar a "compartir" su vida...

Mi mitad del sandwich

jueves, 20 de octubre de 2011

Sólo quien ama



Amar...pero, ¿quién ama?
Volar...pero, ¿quién vuela?
Pero, ¿quién ama?
Pero, ¿quién vuela?
Sólo quien ama, vuela.

Miguel Hernández


Ni guapos, ni ricos



No son guapos, ni ricos, ni juegan bien al fútbol pero en muchos casos sí son cristianos... Desde luego podrían dar lecciones de humildad a más de uno. Y posiblemente de alguna cosa más. Estas personas nos muestran cada día que en cada uno de nosotros conviven capacidades y discapacidades, y que a pesar de las limitaciones, los seres humanos buscamos lo mismo: que no nos silben. Quizás también que nos apoyen para conseguir las metas que nos propongamos, sean grandes o pequeñas. 

Muchas personas con discapacidades, visibles y reconocidas, nos sacan de los patrones y estándares de belleza que una y otra vez tratan de imponernos la sociedad de consumo y de la imagen en la que vivimos. Es algo que percibo diariamente, ya que tengo la suerte de trabajar con personas con discapacidad intelectual. A estas personas también les gusta ponerse guapos y guapas, estrenar ropa, ir bien vestidas y, sobre todo, agradecen con alegría que se lo digan. Como a todo el mundo. Sin embargo, aceptan con sencillez los piropos y no generan envidias, tal vez porque no buscan la admiración del entorno. 

 En algunos casos forman parte de familias con buena posición económica, pero la mayoría viven con lo justo. Reciben una mínima pensión y es mucho más difícil que accedan a un empleo, al trabajo remunerado. Muchos no manejan el dinero; para Carlos, por ejemplo, lo máximo que puede costar un ordenador o un coche son diez euros. Es difícil así hacerse una idea de la crisis económica global (yo confieso que tampoco la entiendo muy bien) pero sí saben que las cosas cuestan y que no se puede derrochar (sobre todo los botes de pegamento del taller).

 El Papa Benedicto XVI los ha elegido para ponerlos en un lugar preferente en su reciente visita a España con motivo de las Jornadas Mundiales de la Juventud. A algunos les ha sorprendido, pero hay una razón bastante lógica: la Iglesia, las iglesias, son de los pocos lugares donde hoy por hoy no se les expulsa aunque no sean guapos, ni ricos, ni jueguen bien al fútbol. En la medida en que trabajemos para lograr una sociedad algo más integradora y diversa, donde se valoren las capacidades de todas las personas y nos prestemos unos a otros los apoyos que necesitamos, descubriremos que no hace falta ser guapo, ni rico para ser Cristiano.

Lo hemos leído en la nueva edición de PastoralSj

jueves, 13 de octubre de 2011

Instantáneo


En la oración



Estas últimas semanas me ha costado sentarme delante del ordenador y compartir con vosotros qué se me pasaba por la cabeza y por el corazón. Han sido días muy intensos, en una mezcla de actividad frenética con ratos en los que literalmente no había otra cosa que hacer que estar tumbada en la playa. Días en los que he hecho decisiones trascendentales. Días en los que abiertamente me he preguntado en qué se sustenta mi fe y dónde estaba Dios. Días en los que casi no había tiempo para pensar o lamentarse, sino para seguir hacia delante.

Y durante todas estas semanas, sin embargo, he sentido algo que jamás antes había experimentado: realmente, la oración de los demás me ha sostenido. Había agobios, prisas, nervios, malos sueños...pero a la vez, la sensación de estar segura. Mensajes, e-mails, promesas de agosto, conversaciones por teléfono o por cualquier medio imaginable a través de las cuales mucha gente me recordaba "Estoy pidiendo por ti" o aquel mágico "Estamos juntos en Dios" y que convertí en oración interminable hasta quedarme dormida.

Gracias a todos los que desde lejos me tuvisteis en vuestra oración. Creo que no os podéis imaginar lo que ha significado para mí y lo que ha abierto mis ojos a Dios...

domingo, 9 de octubre de 2011

San Daniel Comboni



Hoy, día 10 de octubre, es un día especial para la familia comboniana: celebramos el día de san Daniel Comboni, nuestro fundador. Éste es un pequeño homenaje a su vida y a su obra, para compartir con vosotros el origen del carisma que nos impulsa a llevar la Buena Noticia a todos los rincones de la tierra, especialmente a aquellos más olvidados.

Hijo de campesinos pobres, llegó a ser el primer Obispo de Africa Central y uno de los más grandes misioneros de la historia de la Iglesia. La vida de Comboni nos muestra que, cuando Dios interviene y encuentra una persona generosa y disponible, se realizan grandes cosas. 

 Daniel Comboni nace en Limone sul Garda (Brescia, Italia) el 15 de marzo de 1831, en una familia de campesinos al servicio de un rico señor de la zona. Su padre Luigi y su madre Domenica se sienten muy unidos a Daniel, que es el cuarto de ocho hijos, muertos casi todos ellos en edad temprana. Ellos tres forman una familia unida, de fe profunda y rica de valores humanos, pero pobre de medios materiales. La pobreza de la familia empuja a Daniel a dejar el pueblo para ir a la escuela a Verona, en el Instituto fundado por el sacerdote don Nicola Mazza para jóvenes prometedores pero sin recursos. 

En 1854, Daniel Comboni es ordenado sacerdote y tres años después parte para la misión de Africa junto a otros cinco misioneros del Istituto Mazza, con la bendición de su madre Domenica que llega a decir: «Vete, Daniel, y que el Señor te bendiga». Después de cuatro meses de viaje, el grupo de misioneros del que forma parte Comboni llega a Jartum, la capital de Sudán. El impacto con la realidad Africana es muy fuerte. Daniel se da cuenta en seguida de las dificultades que la nueva misión comporta. Cuando regresa a Italia, el recuerdo de Africa y de sus gentes empujan a Comboni a preparar una nueva estrategia misionera. En 1864, recogido en oración sobre la tumba de San Pedro en Roma, Daniel tiene una fulgurante intuición que lo lleva a elaborar su famoso «Plan para la regeneración de Africa», un proyecto misionero que puede resumirse en la expresión «Salvar Africa por medio de Africa», fruto de su ilimitada confianza en las capacidades humanas y religiosas de los pueblos africanos. 

 En medio de muchas dificultades e incomprensiones, Daniel Comboni intuye que la sociedad europea y la Iglesia deben tomarse más en serio la misión de Africa Central. Para lograrlo se dedica con todas sus fuerzas a la animación misionera por toda Europa, pidiendo ayudas espirituales y materiales para la misión africana tanto a reyes, obispos y señores como a la gente sencilla y pobre. Y funda una revista misionera, la primera en Italia, como instrumento de animación misionera. Su inquebrantable confianza en el Señor y su amor a Africa llevan a Comboni a fundar en 1867 y en 1872 dos Institutos misioneros, masculino y femenino respectivamente; más tarde sus miembros se llamarán Misioneros Combonianos y Misioneras Combonianas. 

 En 1880 Comboni vuelve a Africa por octava y última vez, para estar al lado de sus misioneros y misioneras, con el entusiasmo de siempre y decidido a continuar la lucha contra la esclavitud y a consolidar la actividad misionera. Un año más tarde, Comboni cae enfermo. El 10 de octubre de 1881, a los 50 años de edad, marcado por la cruz que nunca lo ha abandonado «como fiel y amada esposa», muere en Jartum, en medio de su gente, consciente de que su obra misionera no morirá. «Yo muero –exclama– pero mi obra, no morirá». 

 Comboni acertó. Su obra no ha muerto. Como todas las grandes realidades que « nacen al pie de la cruz », sigue viva gracias al don que de la propia vida han hecho y hacen tantos hombres y mujeres que han querido seguir a Comboni por el camino difícil y fascinante de la misión entre los pueblos más pobres en la fe y más abandonados de la solidaridad de los hombres.
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