martes, 7 de junio de 2011

Desofuscadores




Yo me ofusco. Me ofusco con sofistificación. Me ofusco racionalmente. Me ofusco disimuladamente. Pero me ofusco. Y cuando me ofusco, no pido ayuda: tan sólo salgo corriendo sin dirección, como en las mejores canciones de Los Secretos. A veces, cuando me ofusco, sale a pasear mi monstruo particular y se lo come todo. Y ahí, ni mis racionalidades, ni mis lecturas, ni mis paseos interminables sirven para nada.

Por suerte, Dios creó también a los desofuscadores.

Yo he encontrado muchos en mi vida. Y estoy convencida de que nunca han llegado por casualidad, sino en el momento justo. Cuando un desofuscador se sienta conmigo, las sogas parecen ahogar menos y van aflojándose casi sin que me dé cuenta. A veces es la frase menos importante, o la que han dicho con más descuido, pero es ésa la que enciende el interruptor. Otras, me da la sensación de que ponen mis distorsiones en orden, como si fuera un mago colocando los cubiletes de colores sobre el tapete de la mesa. O me recuerdan (qué desmemoriada soy cuando me ofusco) de dónde vengo y porqué estoy aquí.

Por suerte, Dios creó a los desofuscadores para que nunca olvide de dónde vengo, porqué estoy aquí y hacia dónde voy.

Por suerte, Dios sabe qué necesitamos cada uno.

lunes, 6 de junio de 2011

No te detengas




No te detengas nunca
cuando quieras buscarme.
Si ves muros de agua,
anchos fosos de aire,
setos de piedra o tiempo,
guardia de voces, pasa.

Te espero con un ser
que no espera a los otros:
en donde yo te espero
sólo tú cabes. Nadie
puede encontrarse
allí conmigo sino
el cuerpo que te lleva,
como un milagro, en vilo.
Intacto, inajenable,
un gran espacio blanco,
azul, en mí, no acepta
más que los vuelos tuyos,
los pasos de tus pies;
no se verán en él
otras huellas jamás.

Si alguna vez me miras
como preso encerrado,
detrás de puertas,
entre cosas ajenas,
piensa en las torres altas,
en las trémulas cimas
del árbol, arraigado.
las almas de las piedras
que abajo están sirviendo
aguardan en la punta
última de la torre.

Y ellos, pájaros, nubes,
no se engañan: dejando
que por abajo pisen
los hombres y los días,
se van arriba,
a la cima del árbol
al tope de la torre,
seguros de que allí,
en las fronteras últimas
de su ser terrenal
es donde se consuman
los amores alegres,
las solitarias citas
de la carne y las alas.

Pedro Salinas

domingo, 5 de junio de 2011

El chico de ningún lugar


El sábado me fui a ver al cine "Nowhere boy": le debía esta película a mi pasado adolescente. Cuando entré en la sala, sólo había dos chicas de 4º de secundaria. Las escuché hablar, enternecida, de qué iban a ser de mayores. Una pretendía ser publicista para hacer anuncios como los del Pato Willix y Aquarius; la otra, traductora porque quería viajar mucho. Sus razones para estar viendo a las seis de la tarde una película sobre John Lennon no me hacía falta escucharlas: cualquier adolescente que se precie de serlo debe pasar por la gripe de la beatlemanía. Y para mí, que ya paso del cuarto de siglo, era un ejercicio de nostalgia en toda regla y un homenaje a mis años de soñadora empedernida, enamorada de Ringo Starr.

A lo largo de la película, además de despertarme unas ganas de bailar rock&roll y hacer el cafre terrible, me maravillé de este John Lennon de diecisiete años que se empeña en sobrevivir a través de la música, de su confianza arrogante y de su fragilidad, de su rabia y su ternura, de su estupefacción ante lo que le rodea, de esa energía que le salía a borbotones por la boca y los dedos.

Y el momento magistral del que no puedo dejar de dar cuenta. John encerrado en el baño del instituto con un puñado de inadaptados como él. Les anuncia que van a formar un grupo de música, cuando ninguno de ellos sabe tocar ningún instrumento. Uno de ellos replica: "¿Y si el grupo es una mierda?" y Lennon le espeta: "Eso no importa, lo principal es que yo os he elegido". Y, efectivamente, lo importante no es que  sepan o no tocar, sino que alguien se ha fijado en ellos y está determinado a que cumplan la misión.

¿Os suena a algo?


Atráeme y correremos



'Atráeme y correremos' Cant 1,4

Me asomo a la ventana. Parece que todo va a romperse. Cojo aire y el aire me araña la garganta. Y sólo pido, una vez más: atráeme con toda la violencia de la que seas capaz. Atráeme con toda la ternura que se te ocurra. Atráeme. Que yo no tenga nada que hacer, tan sólo rendirme. Bajar los brazos. Que te alimentes de mi indómito orgullo. Atráeme, llámame sin que yo sepa cómo, llévame hacia Ti.

Atráeme y...correremos.
Hacia cualquier lugar.
Correré la carrera hasta el final.
Atráeme y correremos.
Hacia cualquier lugar
en el que quieras que éste.

Ane Brun – Do You Remember

viernes, 3 de junio de 2011

¿Sólo Dios me basta?



Hoy en la oración de laudes hemos utilizado el Rezando voy y la canción que introducía el Evangelio era la plegaria de Santa Teresa de Jesús, tan conocida, de "Nada te turbe, nada te espante, sólo Dios basta".

Esa frase, "sólo Dios basta", siempre me ha producido mucha desazón. Me miro a mí misma y puedo responder rápidamente que a mí no sólo me basta Dios, sino que ando la mayor parte del tiempo angustiada por el qué comeré y vestiré, llena de preguntas y autosuficiente, olvidando con demasiada facilidad que lo que de verdad deseo (¿lo deseo de verdad?) es que Él sea mi centro y todo lo demás quede girando en torno a esa intimidad, lo más recóndito y luminoso de mi ser.

¿Sólo Dios me basta? Si sólo Dios me bastara, la alegría sería inagotable y los que están a mi alrededor se verían contagiados por ella. Si sólo Dios me bastara, las preguntas me sobrarían. Si sólo Dios me bastara, la confianza inundaría cada resquicio de mi día a día.

miércoles, 1 de junio de 2011

Espíritu Santo, ven


Con algunas de las mujeres visitando una exposición de arte

Sevilla. Cinco de la tarde. La mañana en secretaría ha sido de locos. Atravieso el descampado preguntándome quién demonios me mandaría a mí estar metida en estos berenjenales (sí, yo también sé la respuesta, pero  me lo pregunto siempre en semejantes circunstancias y no cuando se está al fresquito en el templo) y cómo me gustaría estar tomándome una coca-cola congelada.

Damos clase en un aula prefabricada que está en el patio de la parroquia. Aquí las llaman "caracolas", que es algo que me hace mucha gracia y que creo que le da un puntito poético al asunto. Cuando entro, las mujeres están sacando sus cuadernos y poniéndose al día de las últimas novedades. Muchas son gitanas y tienen  entre cuarenta y sesenta años (aunque hay algunas más jóvenes)  y todas están allí porque hace un año o dos no sabían leer ni escribir. Todas han venido andando al solajero. Las dos horas las paso con Mari, Adelaida y Pili. Un rato haciendo dictado, escritura libre, ejercicios para ejercitar la memoria y, por último, unas cuantas cuentas. La verdad, es que siempre me río un montón con ellas y me sorprende la sencillez con la que aceptan que una pipiola como yo les enseñe algo o les corrija.

A las siete menos cuarto, recojemos los cuadernos y el material y nos preparamos para hacer la oración. Son sólo diez minutos, supuestamente. Esta vez me tocaba llevarla a mí. Últimamente, el Espíritu Santo está haciendo horas extra conmigo, así que pensé que sería bueno dejarlo rodar por la mesa y preguntar qué era aquello del Espíritu para ellas y reflexionar juntas con el testimonio de un político pakistaní que asesinaron el año pasado por defender a los más pobres de su país. Se creó un silencio y una escucha muy especial...aunque muchas manifestaron que ellas nunca serían como Jesús y que después de haber sufrido tanto, y arrastrar tanto a sus espaldas, dudaban mucho de que Dios estuviera realmente con ellas. ¿Se había presentado alguna vez ante ellas?¿había hecho caso de sus peticiones? Estaban cansadas de pedir y no escuchar ninguna respuesta, ¿quién puede hablar con Dios?Jesús sí, porque como Él no hubo y habrá ninguno más, pero...¿ellas?

Intenté transmitirles mi convicción de que ellas también eran mujeres que estaban dando la vida por su familia y que si aún estaban allí, reunidas, aprendiendo, esforzándose, comprometiéndose, y no encerradas en sus casas llorando por sus historias...era porque el Espíritu las había impulsado hacia delante. Ninguna de ellas era una perdedora, ni una cobarde porque el mismo Dios era el que las guiaba para no rendirse.


"Espíritu Santo, Señor que das la vida,
abre mi corazón.
Hazme buscar y acoger tu verdad.
Sin miedo"


Rezamos esa pequeña oración al final, todas juntas . Y hasta Marcelina, que siempre, siempre, siempre comenta que está enfadada con el Señor, em miró y me dijo: "A ver si es verdad eso del Espíritu, que a mí me hace mucha falta con todo lo enfadada que estoy con el Señor..." Y yo deseé otra vez que hicera las paces, porque Dios está deseando que se deje abrazar...

Escuchar al pueblo y responder





En Haití, cada día es un acontecimiento, pero queremos destacar algunos que han marcado mucho más nuestro caminar como Comunidad Intercongregacional Misionera (C.I.M).



Otro motivo de fiesta en este mes ha sido el  encontrar una casa de acogida para WATSON, el pequeño del campamento de Automeka sin padre ni madre.  El día 2 de mayo, celebrando también el cumpleaños de la hermana Ceci, acompañamos a Watson hasta una localidad cercana a Puerto Príncipe en el que una Asociación fundada por una religiosa haitiana y que murió asesinada hace un año por un atracador en el barrio de City Soleil, acoge a niños huérfanos, abandonados y de padres campesinos que no tienen la posibilidad de estudiar. Hasta ahora Watson está muy bien, adaptándose a la nueva realidad,  contento por tener casa y comida. Para Ceci fue una manera muy peculiar de celebrar su cumpleaños: dispuesta a hacer realidad, una vez más el regalo de su presencia en Haití y el evangelio motivador de su entrega: “Todo lo que hicisteis con mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” Mt. 25,40

En medio de todo esto existen signos de vida y resurrección como el ver a jóvenes de los campamentos de Automeka y Henfrasa, a quienes acompaña Marlene, que participen activamente en reuniones con otros jóvenes de grupos que llevan los Novicios Jesuitas con motivo del Día Internacional de la Juventud. Dos días de jornada.  Y la puntualidad, la  participación activa, la alegría… fueron la tónica que vivieron. Y casi era imposible pensar que esos jóvenes limpios, bien arreglados (algunos de ellos con ropa y zapatos prestados), fueran los jóvenes que vemos cada día en medio de la miseria y suciedad de los campamentos. Conmovía ver sus pieles resecas, agrietadas, alguno hasta con eczemas, pero sintiéndose felices y normales al compartir con otros jóvenes de su edad, manifestando que la pobreza es una circunstancia posible de superar y no es impedimento para sentarse a compartir con el otro que vive tu mismo ideal. 

Como C.I.M. vivimos esta realidad con cierto sentimiento de tristeza e incertidumbre. La gente que vive en los campamentos “espera” que se le resuelva su problema. El tiempo va pasando y ya es algo inexplicable cómo, desde el gobierno, no se tome ninguna decisión para que miles de personas recuperen su dignidad viviendo en condiciones a las que todo ser humano tiene derecho. Con la gente del campamento “Palé del Art”, más de 380 familias, estamos con el “sin vivir” cada semana pues el propietario les exige que salgan de su propiedad. Para quien verdaderamente no tiene un lugar donde ir, esto es un drama que le consume y afecta. ¡Y nosotras no podemos quedarnos insensibles ante el dolor de una madre con 3 y 4 hijos y que prácticamente se quedaría en la calle!  

 Desde el mes de noviembre estamos arrastrando esta situación de inestabilidad y de vacío en el gobierno. A primeros de abril se hizo pública la decisión de que el nuevo Presidente de la República sería Michel Martelly, un cantante conocido por el pueblo pero, según parece, sin ninguna formación sobre política ni gestión. Se le dio el triunfo sobre una mujer catedrática, Marlinde Manigat, a quien se le ha atribuido, en cambio, ser muy intelectual y no tener ninguna cercanía al pueblo. El día que se dio esta decisión, las calles alrededor de nuestra casa fueron un desborde de alegría. La gente se echó con gozo a las calles para celebrar el triunfo de su candidato. Fue impresionante ver ese desbordamiento de alegría pero con un cierto sentido de inconsciencia. Ahora estamos esperando el día de la toma de posesión del nuevo Presidente para el 14 de mayo.




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