martes, 22 de marzo de 2011

Marcha Solidaria en Granada




El próximo mismo fin de semana (domingo, 27 de marzo),tendrá lugar en Granada la XVII Marcha de la Solidaridad. Es una manifestación pacífica y festiva donde tenemos una nueva oportunidad de mostrar nuestro apoyo a los más necesitados y reivindicar que otro mundo es posible.

El lema de este año es: Dale Marcha A Tu Vida, Solidarízate. Saldremos del colegio de Regina Mundi (en la calle Arabial 63) a las 10:00 de la manaña, realizaremos un recorrido por las calles céntricas de Granada terminando en el Plaza de las Batallas a las 13:00horas. Con nuestra participación colaboramos en 3 proyectos de desarrollo social. Este año uno es de la congregación de las Esclavas de Imaculada Niña y está destinado al mantenimiento del Comedor María Menina en Salvador de Bahía (Brasil).


En la imagen de abajo podéis leer más sobre este último proyecto y, sobre todo....¡¡¡animaos a participar!!!




Proyecto Comedor María Menina-Brasil

Fui peregrino y me acogiste



“Porque tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber; fui peregrino y me hospedaste” Mt 25, 35
 Sor Valeria Ruiz

“En mi pueblo era alguien, en cambio aquí soy nada”, “La vida para mi es lo peor”, “Aquí hay trabajo solamente para los ricos, los pobres no encuentran más que las migajas”, “He salido de mi país con la esperanza de un futuro mejor”.

Estas son las expresiones de algunos rostros del  Cristo sufriente de nuestro hoy, personas que hasta ahora no han tenido la oportunidad de una vida digna y justa. Mi actual experiencia de apostolado aquí en Londres, como religiosa y estudiante, está marcada por la mirada de Dios a través de muchos hombres y mujeres  inmigrantes que esta tierra acoge. Es increible ver la diversidad cultural, nacionalidades, rostros, lenguas, etc., en un mismo lugar. Para mi se ha vuelto normal encontrar por la calle hindúes, árabes, tailandeses, africanos, latinos, chinos, rumanos, polacos y de otras partes del mundo, todos salidos de sus países en busca de mejores condiciones de vida. 
 
Hace poco tiempo que he comenzado mi apostolado junto con los padres maristas y un grupo de jóvenes que, llenos de entusiasmo y con gusto colaboran con mucha generosidad y espontaneidad. 
Dos cosas importantes forman parte de este apostolado:

1. Preparar la comida para los que llegan, la mayoría inmigrantes en condiciones de extrema pobreza. Tratamos de ofrecerles lo mejor, la alegría de compartir el pan que tantas veces les es difícil encontrar.

2. Escucha y acompañamiento. Muchos de ellos vienen y comparten con nosotros la angustia que traen en su corazón, tienen una gran necesidad de ser escuchados, acompañados, recibir un saludo, una sonrisa, una palabra de ánimo; pero teniendo en cuenta mi limitación para expresarme en sus leguas  o bien en inglés en modo fluido y claro, dado que lo estoy aprendiendo, son ellos los que me están enseñando y ayudando a comprender mejor el lenguaje del amor, de la acogida, de la caridad, de la alegría que viene de Dios y evidentemente con ellos me estoy ejercitando en el hablar y comprender cada día mejor el idioma y tener la alegría de decirles que son los predilectos de Dios. 

No puedo hacer más que dar gracias a Dios por el don de la vocación misionera y comboniana que he recibido, ya que ahora son estas personas las que me están ayudando  a vivir mi consagración al estilo de San Daniel Comboni

viernes, 18 de marzo de 2011

La cara y la cruz



A veces cuesta ver Vida en el sufrimiento, en la dificultad, en la vejez, en el día a día, en lo rutinario, en lo doloroso...en la Cruz. Pero El Dios de la Vida está ahí presente, haciendo posible lo imposible e iluminando nuestras limitaciones.

"La Cruz nos revela a Dios en su Sí eterno de una ternura incansable, que no cesará nunca de rodearnos y de esperarnos hagamos lo que hagamos…"   
Otro modo de ver al hombre , de M.Zundel

jueves, 17 de marzo de 2011

Bupilo, Vida para las mujeres



Al llegar a Kalabo, a finales del 2008, me propusieron trabajar en el campo de la mujer y empezar estudiando la situación social de ésta en la zona. Apenas llegada a Zambia y sin saber mucho sobre su realidad, accedí con el entusiasmo que da embarcarse en algo nuevo y desconocido.

Kalabo es un pequeño pueblo perteneciente a un distrito del mismo nombre que abarca un área de 17.447 km² en la zona oeste de Zambia, un área inmensa donde por supuesto no hay carreteras y los caminos son impracticables la mitad del año debido a las inundaciones del río Zambezi, que se producen cada año desde Diciembre hasta Junio. El único acceso a la pequeña ciudad de Mongu se hace con botes y los viajes de solo 60 Km de distancia, conllevan unas 6 horas mínimo. Esa zona es conocida por el nombre de Barotziland, la tierra de la tribu Lozi, una población de 140.604 habitantes aproximadamente.

Las condiciones de vida no son fáciles y la gente se dedica mayormente a la agricultura, pesca, pequeños comercios, recogida de leña y producción de carbón, recolección de paja para la construcción de casas, todo esto parte de una economía de base familiar. En la zona hay un pequeño hospital del gobierno y escuelas diseminadas en el distrito que dan también trabajo a funcionarios, pero el número de empleados con un sueldo fijo es reducido. A las dificultades económicas de la gente se une el grande problema del Sida, del que la mayor parte de la población está infectada.

Como suele ser común en muchos lugares de África, el peso del trabajo recae sobre las mujeres que se dedican a la agricultura y al cuidado de la familia extendida. A mi llegada, lo primero que hice fue intentar conocer mejor la situación de las mujeres en la zona y para ello empecé una “exploración” de la realidad de la mujer ayudada enormemente por las hermanas de la comunidad, mujeres locales y el párroco de la misión. Durante casi un año se hizo un cuestionario, reuniones con mujeres, visitas a las casas y finalmente partiendo desde las necesidades y deseos de la mujeres se empezó el proyecto que llamaríamos Bupilo, que en la lengua silozi significa Vida. 

Este proyecto incluyó inicialmente a 40 mujeres que venían regularmente al centro para hacer cursos de alfabetización, inglés, Biblia, corte y costura, agricultura y encuentros de diversos temas dirigidos al desarrollo humano integral de la persona. Todas empezamos con gran entusiasmo y al poco, con la llegada de otra hermana a la misión, el proyecto se amplió a las chicas de edades comprendidas entre los 16-20 años, chicas que nunca fueron escolarizadas o dejaron la escuela tempranamente debido mayormente a embarazos. Para estas chicas se creó un programa de escuela informal que esperamos que las ayude en su madurez,y a algunas incluso a seguir su educación en la escuela gubernativa.

Al cabo de tres años de mi estancia en Kalabo he visto el programa desarrollarse por sí solo debido sobre todo, a la pasión de las mujeres y chicas por aprender y desarrollarse, como una semilla que se planta y sin saber cómo un día te encuentras que ha germinado y otro que se convierte en una planta, y otro que ya da frutos, y eso expresa mejor que nada que el proyecto de Bupilo sea efectivamente Vida que sigue su curso y alimenta las esperanzas de muchas mujeres aquí en Kalabo. Actualmente las mujeres son 70 y las chicas 30 y se espera que el curso que viene los números aumenten al mismo tiempo que los deseos de enriquecerse mutuamente, como pasa cuando entras en contacto con estas mujeres en las que, a pesar de tantas dificultades que llevan, la vida salta en exhuberancia.


M. del Rosario Fernández Ramiro

Un Via Crucis...diferente



Lo hemos encontrado gracias a la página de Odres nuevos

lunes, 14 de marzo de 2011

Desde África para el mundo

 
 
 
 
Soy Kimala Nanga Benjamine, Misionera Comboniana de nacionalidad Chadiana. Nací en el norte del Chad (Abèche) que era casi 100% musulmana pero había dos capillas cristianas: una protestante y otra católica. Los católicos nos encontrábamos todos los domingos por la mañana para la celebración de la Palabra porque no había sacerdote para la celebración Eucarística y por la tarde los más mayores (15-16) nos reunían para darnos catequesis. Era un movimiento católico que se llamaba “Coeur Vaillant” que sería en castellano “Corazón Valiente “, actualmente este movimiento se denomina en lengua local: “Kemkogui” es decir “Un solo Corazón”. Son los niños de 7 a 14 años, sin excluir los que tienen menos o más edades, pero que manifiestan la buena voluntad de participar al grupo.

Celebrábamos la Misa una vez al año por falta de sacerdotes y la carretera que no favorecía el viaje de sacerdotes desde del Sur al Norte. Por eso venía sólo un vez al año (en Pascua) donde se podía bautizar, celebrar el Sacramento del matrimonio cristiano y animarnos a seguir adelante, aunque fuéramos una minoría en medio de los musulmanes.

El deseo de hacerme religiosa surgió en mi gracias a una amiga que vino del sur y que es muy cristiana; compartiendo con ella, me habló de las religiosas y a lo que se dedican. De todo lo que me había dicho, me quede con esta frase: “se Consagran a Dios para anunciar su Evangelio”. Desde entonces esta palabra ha sido para mí una luz que nunca se ha apagado hasta hoy, gracias a Dios.

Mi fe y mi vocación se hicieron más profundas poco a poco y empecé a preguntarme qué era lo que el Señor quería de mí. Un día, me encontré con un librito titulado “África o muerte” que hablaba de un Profeta, misionero y Padre de África: Daniel Comboni y cómo luchó en un tiempo donde existía la esclavitud, para liberar a los africanos convencido de que la Sangre de Cristo había sido derramada también por los africanos y de que teníamos Alma como los europeos. Hasta morir en Tierra africana a la edad de 50 años. Desde entonces, yo me dije, “Si Daniel Comboni, que era europeo, entregó su vida por los africanos, ¿por qué no puedo hacerlo yo también, que soy africana?”

Conocí las Combonianas a través de los padres Combonianos de mi parroquia. Cuando pensé en entrar en la Congregación de las Hermanas Misioneras Combonianas, me encontré con muchas dificultades: por una parte el nivel de estudio, porque me pidieron un nivel de estudio que en mi país es difícil conseguirlo, y por el otro lado por mi familia, pues mis padres y hermanos pensaban que con mis estudios podía conseguir un buen trabajo y ayudarles a ellos que tanto lo necesitaban. Intentaba dialogar siempre con mis padres y hacía el acompañamiento espiritual también. Gracias a Dios respetaron mi opción. Ahora, mis padres y toda mi familia se sienten muy orgullosos de tener una hija Misionera y se sienten misioneros como yo; quizás más que yo. En todo este proceso, me iluminó y sigue iluminándome esta Palabra de Jesús: “él que deja a su madre, padre, hermanos, tierra y casa por el Evangelio, recibirá el doble”; pues para mí era difícil dejar a mi familia y a mi pueblo, pero cuando uno se deja aferrar por Dios abandonándose en su voluntad, todo se resuelve y coge sentido desde la Fe en Él.

Hice mi primera formación en la República Centroafricana (Bangui) y en la República Democrática del Congo (Kinshasa. Después de mi profesión religiosa misionera (los votos) me mandaron aquí para el estudio.

Siempre doy Gracias al Señor en mis oraciones por el don de la vocación religiosa misionera comboniana que me ha regalado. Es verdad que no he llegado todavía a la meta, pero confío en su fidelidad misericordiosa e infinita.

sábado, 12 de marzo de 2011

Pequeñas cosas injustas


Pequeña cosa injusta nº1:


-Hola, buenos días, llamaba para que recogieran un paquete-

-Sí, por supuesto, dígame la dirección- se la digo-Disculpe, pero no trabajamos en esa zona-

-¿Cómo que no trabajan en esta zona?-

-No, lo siento, pero es que el repartidor no entra ahí. Si me proporciona la dirección de su domicilio, recogeremos el paquete ahí-

-Ya, pero es que resulta que el paquete se envía desde mi lugar de trabajo y ni quiero, ni tengo porqué dar la dirección de mi casa-

-Lo siento, pero es que el repartidor no entra ahí- y vuelta la burra al trigo-

-Pues es que resulta que yo también vivo aquí en este barrio, fíjese usted-

-Entonces, lo siento mucho, pero el repartidor no va a entrar-

Fin de la historia de pequeña cosa injusta nº1: Tuve que dar la dirección de un amigo que vivía en el centro de la ciudad. Todo eso, después de dos semanas en las que vimos que era imposible que la empresa accediera a recoger el paquete en nuestro barrio.

Pequeña cosa injusta nº 2:


Estoy sentada en la parada. He quedado para tomar unas cervezas en el centro. Antes de que me dé cuenta, el autobús está llegando. Me levanto como un resorte y agito la mano, pero va tan condenadamente deprisa, que ni me mira. Quince o veinte minutos después, veo venir otro y literalmente, me planto en mitad de la calle haciendo señales. Se para y monto. Poco después, ya en la zona del centro, el conductor se para en una parada en la que están sentados tranquilamente unos niños preciosos y unas madres bien vestidas. Nadie le ha hecho señales y nadie se monta, pero él se ha parado sin prisa alguna.


Fin de la historia de pequeña cosa injusta nº 2: Conclusión, en mi barrio los conductores ni miran siquiera si hay alguien en la parada. Pasan que se las pelan y les da igual si algún vecino quiere montarse. Si estamos en el centro, ya es distinto. Se ve que no les da miedo pararse todo el tiempo qe haga falta, les hagan señales o no.


Pequeña cosa injusta nº 3: Enero-Recorrido inicial de la Cruz de los Jóvenes por la ciudad en la que vivo. La primera parada en la parroquia de mi barrio. Febrero-Tríptico que la Diócesis nos manda...hemos desaparecido del itinerario.

Fin de la historia de pequeña cosa injusta nº 3: A estas alturas no sé qué razones de peso se han argüído para que la Cruz no venga a visitarnos. Supongo, que no quedaría bien en la foto. Mañana, me presento in situ a ver de qué va todo esto de la Cruz de los Jóvenes...en el centro de la ciudad.
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