sábado, 12 de marzo de 2011

La libertad que Dios quiere




Dame tu libertad.
No quiero tu fatiga,
no, ni tus hojas secas,
tu sueño, ojos cerrados.
Ven a mí desde ti,
no desde tu cansancio
de ti. Quiero sentirla.


Tu libertad me trae,
igual que un viento universal,
un olor de maderas
remotas de tus muebles,
una bandada de visiones
que tú veías
cuando en el colmo de tu libertad
cerrabas ya los ojos.
¡Qué hermosa tú libre y en pie!


Si tú me das tu libertad me das tus años
blancos, limpios y agudos como dientes,
me das el tiempo en que tú la gozabas.
Quiero sentirla como siente el agua
del puerto, pensativa,
en las quillas inmóviles
el alta mar. La turbulencia sacra.
Sentirla,
vuelo parado,
igual que en sosegado soto
siente la rama
donde el ave se posa
el ardor de volar, la lucha terca
contra las dimensiones en azul.


Descánsala hoy en mí: la gozaré
con un temblor de hoja en que se paran
gotas del cielo al suelo.
La quiero
para soltarla, solamente.
No tengo cárcel para ti en mi ser.
Tu libertad te guarda para mí.
La soltaré otra vez, y por el cielo,
por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo, te está esperando.


Pedro Salinas

martes, 8 de marzo de 2011

Felicidades, mujer



¡En este Día Internacional de la Mujer, las Misioneras Combonianas felicitamos a todas las mujeres del planeta!

Felicidades a ti, mujer, que donas vida en cada lucha tuya y en cada trabajo que realizas.

Felicidades a ti, mujer, que incansablemente reivindicas tus derechos y, que a pesar de las resistencias sigues adelante con valentía y audacia.

Felicidades a ti, mujer, que sabes mirar las injusticias del mundo, y no cruzándote de brazos haces algo concreto por cambiar esas situaciones.

Felicidades a ti, mujer, que desde cualquier foro levantas tu voz a favor de los pobres, de los excluidos, de los olvidados, de los marginados y explotados.

Felicidades a ti, mujer, que en tu casa, en tu trabajo, en tu cultura, país y mundo sabes vivir tu vocación con entusiasmo, convicción y entrega.

¡Felicidades a ti, mujer, que eres madre, hermana y amiga! 

Nos han felicitado de esta manera desde América nuestras hermanas combonianas....¡gracias!

domingo, 6 de marzo de 2011

La mano de mi padre




Qué grande es la mano de Dios.

La mano de Dios es como la de mi padre.

Grande. Caliente. Un poco áspera.


Cuando Dios me sienta en la palma de su mano, yo la recorro como una niña.

Y Él, me deja hacer.


Qué grande y ancha es la mano de Dios.


Juego entre sus dedos

y descanso en el centro

mirando hacia arriba,

Me acurruco en su pulgar

miro las líneas de la palma de su mano

y busco mi nombre entre las trenzas.


Y encuentro mi nombre ahí

justo donde termina su mano

está escrito letra por letra

y yo puedo pasar mi índice diminuto sobre él y recorrerlo al mismo tiempo que Dios me mira.


"Estoy aquí" le digo asombrada.

"Claro"-contestas riendo- cuando naciste me escribí ahí tu nombre

para que supieras que formas parte de Mí, como Yo de ti

y que, aunque tú me olvidaras,

Yo jamás podría hacerlo"


Qué grande es la mano de Dios.
La mano de Dios es como la de mi padre.
Grande. Caliente. Un poco áspera.

Cuando Dios me sienta en la palma de su mano, yo la recorro como una niña.
Y Él, me deja hacer.

Qué grande y ancha es la mano de Dios.



viernes, 4 de marzo de 2011

Mujeres sin hombres


Este lunes tuve la suerte de ir al cine con mi madre (incondicional de lo que le proponga, ya sea cine iraní o exposición de arte hispano-japonés) "Women without men" (2009), de la directora Shirin Neshat. Como ya sabéis, mi fuerte no es hacer disecciones artísticas, así que simplemente comentaré lo que me produjo contemplar esta historia sobre cuatro mujeres iraníes durante el verano de 1953 en Teherán.


Es una película para paladear y no hacer preguntas mientras la contemplas. El tiempo se colapsa y todo y nada sucede a un tiempo. Por un lado, las revueltas civiles ante la injerencia británica; por otro, cuatros mujeres que buscan una salida y confluyen en un mismo lugar. El jardín, el agua, el velo, las flores reales y creadas, los hombres. La fotografía es inmensamente rica, preciosa; las protagonistas, soberbias. El realismo mágico brota de cada fotograma, pero sin que disminuyan las bofetadas de realidad a través de la vida de Munis, Faezeh, Fakhri y Zarin. La dignidad y el ansia de conducir su propia existencia, le pese a quien le pese.

Y, por encima de cualquier cosa, la libertad.



Zambia y el detergente


Porque mi admiración y cariño por las mujeres zambianas se eriza cuando lee cosas como ésta....

 

Un aviso que se difunde en la televisión pública y privada de Zambia, muestra a un hombre arrastrando a su esposa hasta el jefe de la aldea y quejándose de que ella no sabe lavar la ropa.


“Esta mujer no sabe cómo se lava. Y usted entiende qué significa eso para un hombre como yo en esta aldea”, dice el hombre.
“¿Qué?”, pregunta el jefe.
“Necesito el divorcio”, responde el hombre.
“En nuestra tradición no hay manera de que una mujer no sepa lavar. Jovencita, usted está destruyendo su propio hogar”, dice el jefe, reprendiendo a la muchacha.

Entonces, la esposa del jefe intercede en nombre de la joven y le presenta un nuevo detergente que solucionará todos sus problemas. Así, la pareja vive feliz hasta el fin de sus días.

Otro aviso empieza en un tono diferente, mostrando a un hombre que lava la ropa. La primera vez que lo vi pensé: “Por fin, esto marca un equilibrio”. Hablando en lengua bemba, el protagonista dice: “Lo que me sorprende es que seamos los hombres los que sepamos tanto sobre detergentes. Ahora no hay por qué casarse”.

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jueves, 3 de marzo de 2011

Sobre toses y Magnificats




Cuando estuve el otro día en Madrid, mientras paseábamos al sol de camino a la misa de "los guadalupanos", Rosario me contestó a una de mis explicaciones: "¡Bueno, tú es que estás siempre en periodo de ebullición!". Y nos reímos. Y tuve que confesar que sí, que yo siempre estoy en período de ebullición y que todo es siempre muy monumental e importantísimo y "decisivísimo" en cada momento que vivo. Vamos, que a Beatriz, le preguntes cuando le preguntes, siempre está en una etapa super intensa y vital en extremo.


Claro, después pasa lo que pasa.


Que Beatriz vivie siempre al borde del colapso emocional, porque siempre hay una decisión "importante y que cambiará el rumbo de su vida en un grado jamás sospechado por la raza humana". Y eso agota. Y mucho. Porque hay momentos en los que me parece que todo es significativo (y cuando digo todo...es todo), irremediable, apremiante, urgente y tan importante para el resto de mi existencia que, simplemente, mis sentidos estallan. Además, es una carga demasiado pesada, por mejores que sean mis intenciones (que, aunque os parezca mentira son escuchar y hacer lo que Dios me sugiere).


Supongo que, en el fondo, siempre tengo miedo a equivocarme y a no estar a la altura de las expectativas (sí, lo confieso, Sus expectativas) y todo eso me deja sin fuerzas y con un montón de preguntas que pesan como toneladas. Pero para esos momentos, también están las amigas, y una a la que quiero mucho me lanzó el Magnificat, como quien lanza un mensaje en una botella y yo (raro, pero los milagros ocurren) la cogí y la abrí.


Entonces, descubres o recuerdas, que Él ya te ha visto entera de arriba a abajo. Vaya que sí.

Y que todo eso que te parece tan sumamente horroroso y terrible y digno de esconderse

bueno, pues tampoco es para tanto,

porque Él ya sabe que está ahí

y por ahora (que sepas, por lo menos)

no ha mandado rayos carbonizantes ni dragones con lenguas de fuego a comerte de un bocado.


Y que su ternura y su predilección por ti, va mucho más allá

de tus agobios

tus neuras

tus ansias de adivina

y, por supuesto, de tus planes.


Porque, vaya, vaya, Beíta

esto no va de hacer

sino de dejarse hacer

y tú no puedes saber cómo acabará el invento.


Pero, ven, y escóndete aquí, que es donde quieres esconderte

y déjate que te quiera y déjate que te sonría y déjate, déjate...déjate.


Esta noche, antes de apagar la luz, con los jarabes y pastillas para mis toses varias en la mesita de noche, intentaré recordar que no tengo que llegar a ninguna meta. Que Él ya pensó que "estaba bien hecha" cuando me creó y que seguro que todos esos agobios no vienen de su mano porque, haga lo que haga y termine donde termine, me va a seguir queriendo exactamente igual.


Qué descanso.
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