lunes, 25 de marzo de 2013

domingo, 24 de marzo de 2013

La ramita de olivo y la herida





Durante estas dos semanas mucha gente me ha preguntado qué pienso del nuevo papa. La mayoría esbozaba una tímida sonrisa y confesaba que “le gustaba, que parecía diferente”, en espera de que yo sacara una lista de argumentos oficiales para confirmar su opinión. Todos lo decimos en voz baja, como si tuviésemos miedo de mostrar demasiado entusiasmo, recelosos de que detrás de esos gestos tan diferentes se escondan segundas intenciones o se reduzcan a una cuidada estrategia de lavado de cara.

Yo soy la primera que cuida sus palabras, aunque a veces el deseo de una Iglesia diferente sea más fuerte que mi prudencia y me salga a borbotones por la garganta. Supongo que estamos todos heridos y la cautela sea sólo una forma de evitar que nos hagan más daño. O nos preparamos de antemano para cuando el entusiasmo de los medios de comunicación se acabe y comiencen a sacar trapos sucios, para seguir vendiendo periódicos y aumentar el share de pantalla.

Hoy, Domingo de Ramos, me pregunto si Jesús querría esta alegría a medias, prudente, en mi corazón. ¿Qué debo hacer? ¿Cómo se manejan los sueños rotos? ¿Debo lanzarme, de nuevo, con todo el corazón, toda el alma, todo el cuerpo? ¿Puede la confianza construirse con medias tintas? ¿y si hoy agito en el aire las hojas de palma y después tengo que gritar “¡crucifícalo!”? 

¿Tan vieja soy ya que desconfío del que entra en Jerusalén a lomos del borriquillo? Jesús, sigo tu cortejo la última, sin decidirme a gritar. Aquí llevo la ramita de olivo. Pero hay algo en mi corazón que todavía duele demasiado como para confiar ciegamente en nadie, ni en nada.

martes, 19 de marzo de 2013

A todos los hombres buenos




“Un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura". 

Papa Francisco en la Misa de inauguración de su pontificado

Hoy quiero hablar de todos esos hombres buenos “en el mejor sentido de la palabra”, como decía Machado. 

En mi vida, tengo a varios de esos hombres buenos. Hombres trabajadores, honestos, íntegros, de los que echan horas extras, que revisan su trabajo una y otra vez para que todo esté perfecto y no piensan que merezcan ser aplaudidos por eso. Hombres buenos. Hombres que pasan desapercibidos, que van como de puntillas por la existencia de los demás, que se encargan de los asuntos prácticos, farragosos, humildes y nos dejan a otros los fuegos de artificio y el escenario. Hombres valientes, que pusieron y ponen siempre a los demás por delante de su propio interés, que dan la cara por nosotros, a los que se les encoje el corazón sólo de pensar que puede ocurrirnos algo malo. Hombres buenos. De los que no hablan demasiado, ni demasiado alto y suelen escucharte en silencio, con los ojos bien abiertos, y tardan en dar una respuesta. 

Es verdad que, muchas veces, el mundo se ríe de ellos. Y estos hombres buenos, de mi alrededor, dudan de sí mismos y piensan si no les iría mejor siendo “más avispados”. Yo hoy quisiera decirles a este puñado de hombres buenos de mi vida que no, que los necesito (que los necesitamos) así, tal y como son. Que a mí me hace bien vuestra simplicidad, vuestra torpe ternura, vuestra bondad cotidiana, vuestras manos fuertes (y grandes). Porque para alguien como yo, tan dada a los grandes asuntos y a las batallas continuas, es necesario un hombre bueno y simple de corazón que la mantenga lo más cerca posible de la tierra. Un hombre sencillo, con las palabras exactas, sin miedo a la bondad y a la ternura.

Feliz día de san José, feliz día del padre, feliz día a todos los hombres buenos del mundo.

domingo, 17 de marzo de 2013

La Iglesia que queremos


¡Esta es la Iglesia que queremos!
¡Una Iglesia pobre para los pobres!
¡Llena de misericordia, llena de Jesús!

Programa de vida


Un programa de vida, un deseo, un ruego; probablemente,un torpe intento a lo largo de los años que vivamos.

"Danos entrañas de misericordia
frente a toda miseria humana
Inspíranos el gesto y la palabra oportuna
frente al hermano solo y desamparado.
Ayúdanos a mostrarnos disponibles
ante quien se siente explotado y deprimido.
Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto
de verdad y de amor, de libertad,
de justicia y de paz,
para que todos encuentren en ella´
un motivo para seguir esperando."


De las plegarias eucarísticas 

jueves, 14 de marzo de 2013

Mi Dios es frágil




"Mi Dios es frágil,
es de mi raza,
y yo de la suya.
Él es hombre, y yo casi Dios.
Para que yo pudiera saborear la divinidad
él amó mi barro.
A mi Dios le hizo frágil el amor.

Mi Dios conoció la alegría humana,
la amistad, el gozo de la tierra y de sus cosas.
Mi Dios tuvo hambre y sueño y se cansó.
Mi Dios fue sensible...
Mi Dios se irritó, fue pasional.
Y fue dulce como un niño.
Mi Dios tembló ante la muerte..."

Juan Arias

domingo, 10 de marzo de 2013

Completamente nuevo




"El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado." De la carta de san Pablo a los Corintios.

¡Vuelve a leerlo! ¿lo sientes? ¡Dios te ha hecho de nuevo! El mundo entero entra por tus ojos como si fuese la primera vez, todo en tu vida se estrena como si nunca antes hubiera sido utilizado, ni experimentado, ni juzgado.

Dios acaba de crear el mundo para ti en este preciso instante. Mírate a ti mismo con el mismo cariño con el que el artista contempla la obra recién terminada.

lunes, 4 de marzo de 2013

Cómo te busco

Como busca un niño
los brazos de su madre,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío...


Lo imposible se vuelve posible




Os dejamos aquí el testimonio completo de Juani Pagán, aparecido en el número de enero de Mundo negro, como forma de seguir su misión alentando a otros a coger el testigo misionero...¡Lo imposible se hace posible!

De sindicalista a misionera

Me llamo Juani Pagán Cascales y nací hace 67 años en Fortuna, un pueblo de la provincia de Murcia.  Cuando era pequeña  mis padres tuvieron  que dejar su tierra y todos emigramos a Torrejón de Ardoz (Madrid), donde crecí.

A finales de los años sesenta del siglo pasado eran tiempos muy difíciles, como los de ahora, con muchos problemas de pobreza e injusticia.  Trabajaba en una fábrica y estaba metida en la problemática sindical.  Pero un día, mientras rezaba en una iglesia, ocurrió una cosa que me cambió la vida.

Me quedé allí tres horas que se pasaron sin darme cuenta.  No sé bien cómo explicarlo, pero lo cierto es que sentí como que se me hubiera caído una venda de los ojos que me permitía ver claro, y que me indicaba que mi vocación no iba por la lucha social con la que estaba muy comprometida, sino que esta lucha social tendría una dimensión mucho más amplia.

Sentía en mi interior como que me decían:  “La situación en España es muy difícil, pero en África aun es peor”.  Inmediatamente empecé a interesarme por conocer mejor el continente africano.  Al mismo tiempo, conocí la figura de Daniel Comboni a través de una transmisión de radio, que realizaban por entonces los misioneros combonianos.

Todo ello fue haciendo que poco a poco me sintiera muy atraída y contenta de poder dar mi vida por los más pobres. Yo, que no había tenido intención de hacerme religiosa, me encontré con que poco a poco el Señor me llevaba a sentir profundamente la necesidad de anunciar el Evangelio.  Por eso me puse en contacto con varias congregaciones religiosas, y en 1968, después de un tiempo de discernimiento me decidí a entrar en las Misioneras Combonianas.

Me enamoré de África

Primero tuve un año de formación en España y luego pasé a Italia, donde hice mi noviciado y juniorado.  Al terminar mi tiempo formativo, fui enviada a Uganda, donde me encontré y enamoré de África, que me entró hasta la Médula.  Mi vida y trabajo con los acholi y luego con los karimoyòn me marcaron para siempre.

Pasados cuatro años, fui enviada a México para trabajar en la orientación vocacional.  Al principio me costò aceptar el tener que dejar Uganda, pero tengo que decir que el Señor me bendijo con creces, pues tuve la suerte de poder acompañar durante ocho años a muchos jóvenes, chicos y chicas en su camino vocacional, así como poder descubrir la gran riqueza cultural y humana del pueblo mexicano.  Fue una gran alegría poderles entusiasmar con la misión que yo había podido vivir y gozar en Uganda.

Después de México pude volver otra vez a Karamoya, que es la región más atrasada y discriminada de Uganda.  Me di cuenta de que aunque habían pasado ocho años desde mi salida de la misión, mi amor y entusiasmo, no solo no se había apagado, sino, al contrario, se había encendido aún más, viviendo con más intensidad y alegría este gran regalo que Dios me había hecho.

Durante más de 17 años he trabajado allí con tres grupos diferentes de karimoyon, un pueblo guerrero que es muy temido por sus vecinos.  Aunque hay diferencias entre ellos, he encontrado que todos tienen un aspecto común: son un pueblo con orgullo que tiene un carácter franco y leal.  Aquí descubrí una gran cualidad que Dios les había dado.

Todo el trabajo que realicé allí no era un proyecto mío, sino un trabajo en equipo entre combonianos y Combonianas.  Juntos anunciábamos nuestra fe, que es lo más importante de nuestras vidas.  Nosotros queríamos hacer un desarrollo integral de la persona, no solo cultural y sanitario, sino también el anuncio de la fe, pues sin el desarrollo espiritual no se produce ningún desarrollo integral.  Veíamos con dolor, que entre los cristianos prácticamente nadie podía proclamar la Palabra de Dios, pues no sabían leer.  Por eso cuando los niños que iban a la escuela empezaron a leerla, los ancianos se llenaban de alegría al ver como sus hijos podían proclamarla y además la escuchaban en su propia lengua.  Fue una de las cosas más bonitas.

La misión continua

Hace 18 meses vine a España de vacaciones, después de cuatro años de mucho trabajo en la diócesis de Moroto, en Karamoya.  Creía venir para  poco tiempo, descansar un poco y regresar pronto pues estaba encargada de la coordinación escolar de toda la diócesis.  Tenía todo organizado, con muchos planes y tareas para realizar.  Pensaba regresar en agosto del 2011, pero todo cambió de golpe pues me encontré con que los Médicos después de unos exámenes me dijeron que ya no podía regresar a Uganda, ya que tenía un cáncer en metástasis, generalizada y diseminado, prácticamente sin esperanza de curación.




Cuando me informaron de la enfermedad, no sentí rabia ni frustración, pero me hacía estas preguntas:  “Señor, ¿cómo va a seguir el trabajo y los proyectos que tenemos en Karamoya? ¿Cómo se van a poder llevar a cabo?”.  Pensaba que me moría ya, pues me sentía muy débil y creía que no duraría mucho.  Solo le pedía a Dios que ayudase para que todo aquel trabajo misionero se pudiese llevar adelante. Informé a todo el mundo de la situación en la que me encontraba y pidiéndoles que ayudasen a mis colaboradores para que toda aquella tarea que se estaba realizando en Karamoya se llevase adelante.

La enfermedad me ha hecho descubrir que mi destino y mi misión “ahora” es otra.  Tengo que vivirla desde la enfermedad, hasta que Dios me llame y San Pedro me deje entrar.  Varias veces he estado a punto de morir, pero parece que San Pedro no tiene aún preparada la habitación.  Ahora mi trabajo es orar y ofrecer mi vida por la misión, mientras Dios me dé la vida.

Hoy más que nunca siento que la misión es parte integrante de mi vida hasta lo más profundo de mi, y desde esta habitación como enferma, la sigo amando y trabajando por ella.  Antes activamente y ahora desde la enfermedad.  La misión no puede salir de mi.  No puedo respirar ni vivir  sin la misión.

No he sentido ninguna rebelión contra Dios, sino solo me salía decir: “Señor hágase tu voluntad”.  Siendo la experiencia de Job: Dios me ha dado la salud, pero si ahora me la quita, me fío.

Necesidades en la misión hay a puñados, y cuanto desearía que estas necesidades se arreglaran, pero estoy convencida de que Dios hace siempre bien las cosas.  Cuando miro mi vida y sobretodo cuando decidí dar el paso para seguir la vocación misionera, veo con alegría que puedo decir que la he vivido con creces.

Fe en Jesucristo

La fe en Jesucristo, una persona tan concreta y tan atrayente, nos motiva para hacer cosas increíbles.  Invitaría a los jóvenes a que prueben, que se fíen de Él, que se lancen a hacer las cosas que parece que son imposibles, pero que Jesús hace que sean posibles.

Cuando miro hacia atrás y veo lo que el Señor ha realizado a través del trabajo misionero, digo:  “Señor, verdaderamente eres grande”.  Porque veo que soy como una pajita, pero me doy cuenta que con el Señor se hacen grandes cosas.

Por eso repito a los jóvenes que se fíen del Señor, que no caigan en la tentación de decir ‘no soy capaz, no puedo, es superior a mis fuerzas’.  Porque si uno mide sus capacidades, seguro que no se mueve, pero si se mueve confiando en Jesús, lo imposible se vuelve posible.

El día 24 de Febrero del 2013 la hermana Juany Pagan fue llamada por el Señor para gozar de la alegría eterna, ella desde el cielo seguramente nos sonríe y nos anima a seguir adelante en la bella misión de llevar la Buena Noticia a todas las gentes.

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